martes, 18 de octubre de 2011

Marta Rubin y el demonio


MARTA ROBIN, UN MILAGRO VIVIENTE

(50 años sin comer, ni beber, ni dormir)


El demonio aparece en la vida de Marta en múltiples ocasiones. Ya hemos anotado que la misma noche de la ceremonia de entrada a la tercera Orden franciscana, el 2 de noviembre de 1928, el diablo le dio un puñetazo y le rompió dos dientes. Antes de morir le dijo que llegaría hasta el final. Durante la vivencia de la Pasión cada viernes, el demonio la hacía sufrir y hasta la golpeaba. Ella todo lo sufría por amor a Jesús y la salvación de los pecadores.

El siquiatra doctor Assailly relata: Un día asistí a la Pasión con el padre Finet. Después de algunos minutos, de pronto, ella fue tirada brutalmente a la derecha como si una mano invisible la tuviera agarrada por el cuello. Su cabeza era golpeada repetidamente contra el mueble de la cabecera. Instintivamente yo la sujeté por los hombros, diciendo: “Padre la va a matar”. El padre Finet me dijo: “No doctor, déjela”. Después dijo en el nombre de Cristo, de la Virgen María y de la santa Iglesia: “Te ordenó que la dejes en paz”. Y la calma vino inmediatamente, pudiendo comprobar que no le había roto el cráneo ni el cuello. Entonces, dejé al padre con ella y salí a tomar aire.

El demonio le decía: ¿Tú crees que tu padre espiritual te ama bien? Cuando está lejos, se ríe de ti. Y Marta quedó tan preocupada que hubo necesidad de tranquilizarla.

En sus declaraciones a Jean Guitton le manifestó que, cuando el demonio la atacaba y la golpeaba contra la pared y la tiraba a tierra (como hizo el último día de su vida) nunca la destapaba. El demonio respetaba su pudor. Era Dios que la hacía respetar por medio de su ángel.

Guitton le preguntó sobre el diablo y le respondió: Algunas veces he visto su rostro. Era bello, pero no puedo decir que fuera transparente. Él siempre tiene rabia; pero, cuando aparece la Virgen, él no puede nada contra ella. La Virgen es tan bella, no solamente en su rostro, sino en todo su cuerpo. En cuanto al demonio, es capaz de imitarlo todo, hasta la Pasión, pero no puede imitar a la Virgen. Él no tiene poder sobre ella. Cuando la Virgen se aparece, si viera las volteretas que da, se pondría a reír.

Extraido del libro:

MARTA ROBIN
UN MILAGRO VIVIENTE
P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.