viernes, 26 de diciembre de 2008

La Caridad

  • Sucede con demasiada frecuencia, que la negligencia y la tibieza impiden que la ley de Dios tenga aplicación en nuestras almas.

  • Tengamos en cuenta, ciertamente, el hecho de que el alma que va adelante tanto mejor ve su miseria cuanto mejor comprende la grandeza de Dios.

  • Los tres siglos de persecución de la primitiva Iglesia fueron ciertamente tiempos de valor, de heroica fortaleza, pero aún lo fueron más de ardiente amor de Dios.

  • Puede existir la ciencia sin el amor de Dios y del prójimo; y en este caso, como dice San Pablo, produce la hinchazón del orgullo, haciendo que vivamos para nosotros mismos y no para Dios.

  • San Agustín dijo: “Ama et fac quod vis”: “Ama y haz lo que quieras”; y cualquier cosa que hagas te valdrá para la vida eterna, con tal que en verdad ames a Dios mas que ha ti mismo.

  • Un santo poco instruido en asuntos teológicos, pero con un gran amor de Dios, es seguramente más perfecto que un gran teólogo con poca caridad.

  • La caridad, pues, ha de ocupar el primer lugar en nuestra alma, por encima del amor a la ciencia y al progreso humano cualquiera que sea.

  • La absoluta continuidad en el amor no es posible en la tierra; hay momentos de sueño y de distracción.

  • Se necesita para alcanzar el estado de santidad una recia labor sobre sí mismo, seria lucha y espíritu de abnegación y renuncia de si propio, para que nuestro afecto, dejando de bajar hacia las cosas de la tierra, se eleve siempre mas puro y decidido hacia el Señor. Es necesario la oración, el recogimiento habitual, una gran docilidad al Espíritu Santo y la aceptación de la cruz que purifica.

  • Aun la caridad en grado inferior puede vencer todos las tentaciones.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Espiritualidad

Si algún terreno existe en el que es preciso considerar a los hombres, no como son, sino como deben ser, ese es precisamente el de la espiritualidad.

Cuando la vida no esta a la altura del pensamiento, el pensamiento desciende hasta el nivel de la vida, ha dicho alguien.

Cuando Dios vista un alma caen las escamas de sus ojos y un gran misterio se cumple en su interior: ¡ese hombre es otro! Es desde ahora manso y humilde de corazón; ya puede morir, pues ha conquistado la verdad.

Pero en cuanto peques mortalmente, pierdes la gracia santificante.

San Agustín decía: Dios que te creó sin que tú obraras, no te santificara sin tu cooperación.

Nada hay más práctico, más eficaz, mas al alcance de todos, para santificarse, que sobrenaturalizar así cada uno de nuestros actos, ofreciéndolos con nuestro Señor a Dios, para su gloria y para el bien de las almas.

Dios, en efecto, lo ve todo, lo ve todo, conserva todas las cosas en su existencia e inclina a cada criatura a los actos que le convienen.

No olvidemos una cosa: que Dios no se comunica de ordinario a la criatura sino en la medida de sus disposiciones. Cuando estas se hacen mas puras, las divinas personas se hacen también más íntimamente presentes y operantes. En tal caso Dios nos pertenece y nosotros a él, y deseamos ardientemente progresar en su amor.

Debería haber en nuestras comuniones como una marcha acelerada hacia Dios, que recuerda la aceleración de la gravitación de los cuerpos hacia el centro de la gravedad. Como la piedra cae tanto mas ligera cuanto se acerca mas a la tierra que la atrae, así deberían las almas apresurarse tanto más hacia Dios cuanto mas se acercan a él, que les debería atraer siempre.

Maria renunció a sus derechos de madre por la salvación de todos los hombres.

En el momento en que su hijo iba a morir crucificado, aparentemente vencido y abandonado, ella no ceso un solo instante de creer que el era el verbo hecho carne, el salvador del mundo que, tres días después, resucitaría como lo había predicho.






lunes, 15 de diciembre de 2008

Something to think

Hay almas que saben meditar a las que la soledad y la meditación elevan sin que nadie pueda evitarla. Todos sus pensamientos conducen al entusiasmo y a la oración y buscan escalones para poder subir hasta Dios.


La vida de la gracia es la misma vida eterna iniciada. Si una inteligencia creada pudiera ver a Dios inmediatamente por sus solas fuerzas naturales, esa inteligencia poseería el mismo objeto formal que la inteligencia divina.


La única cosa necesaria de que hablaba Jesús a Marta y Maria consiste en dar oídos a la palabra de Dios y en vivir según ella.


Se diría que muchos piensan así: Al fin de cuentas, basta con que yo me salve; Y no es necesario ser un santo. Que no sea necesario ser un santo que haga milagros, y cuya santidad sea oficialmente reconocida por la iglesia, cierto; pero para ir al cielo preciso es emprender el camino de la salvación, Y éste no es otro que el camino mismo de la santidad.


Si un alma entrase en el cielo antes de la remisión total de sus pecados, no podría permanecer allí y espontáneamente se precipitaría en el purgatorio para ser purificada. Ahora bien, no hay religión profundamente vivida si está privada de vida interior o de esa conversación intima y frecuente, no solo consigo mismo, sino con Dios.


Le ocurrió a Santo Tomas de Aquino; que tan bién supo elevarse, al final de sus existencia, absorto en tan alta contemplación, que no pudo dictar el final de la SUMA, porque no le era posible descender a la complejidad de cuestiones y de artículos que aun deseaba componer.


Scaramelli reconoce que muchos autores enseñan que la contemplación infusa puede ser humildemente deseada por todas las almas interiores, pero concluye diciendo que prácticamente, de no haber recibido un llamamiento especial, es mejor no desearla.


Porque el purgatorio es una pena que supone una transgresión que hubiera podido ser evitada, y una santificación imperfecta, que hubiera podido ser completada si hubiéramos aceptado de buen grado los trabajos de la vida presente.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Sean Santos I

La santidad sólo acepta unirse al hombre que la toma como única esposa. No acepta dársele como una esposa segunda.

El cristiano ha sido llamado en la Iglesia solamente a ser santo, y todo el resto —sabiduría o ignorancia, riqueza o pobreza, matrimonio o celibato, relaciones sociales o aislamiento, vivir aquí o allí, etc.— habrá de darse en él sea como consecuencia de la santidad o sea como medio mejor para tender hacia ella; es decir, según lo que Dios quiera.

Todo lo que el cristiano encuentre en la tierra habrá de ser tomado o dejado tanto en cuanto le ayude o perjudique para su vocación única, que es glorificar a Dios y crecer en santidad.

Por eso el cristiano que quiere vivir la vida cristiana, pero no quiere en realidad tender a la perfecta santidad, hace de su vida un tormento interminable, pues introduce en ella una contradicción gravísima e insuperable.

La flaqueza de la carne, es decir, la propia condición de pecador, y las insidias del diablo son enemigos mucho más fuertes y duraderos que los lazos del mundo, por ser éstos tan peligrosos y continuos.

A medida que vamos conociendo los pensamientos y caminos de Cristo, vemos que son contrarios en muchísimas cosas a los del mundo, y que «los pensamientos de los hombres son insubstanciales».

En la medida en que tendemos sinceramente hacia la santidad, la cual no podremos ir adelante si no vencemos al mundo, nos vamos liberándonos de nuestros condicionamientos negativos.

La búsqueda de la santidad suele encontrar en el mundo persecuciones muy especiales, que no se dan en el monasterio o en la vida sacerdotal y religiosa.

Poseer criaturas, y no estar apegado a ellas desordenadamente - aunque sea un poquito -, es más difícil que no poseerlas, y seguir a Cristo con el corazón libre. Es éste, sencillamente, el privilegio de la pobreza evangélica sobre la riqueza.

Convéncete, Toda santificación cristiana es obra sobrenatural de la gracia.


En nada deben frenar al Espíritu alegando que son laicos, y que «eso no va con la vocación laical» o «con la condición secular». Si Dios les da ayunar o hacer grandes limosnas, háganlo con acción de gracias. Si les da rezar la Liturgia de las Horas, háganlo sin dudar, y agradezcan al Señor tal privilegio.

La santidad consiste en la perfección de la caridad.

«Lástima de gente espiritual que está obligada a estar en el mundo por algunos santos fines, que es terrible la cruz que en esto llevan».

jueves, 27 de noviembre de 2008

Sean Santos

En definitiva, el sufrimiento en todas sus formas pasa a formar parte de la condición humana.

El relato de Caín y Abel (Gén 4, 1-16) nos hace entender que la rebelión del hombre contra el Creador conduce a la rebelión del hombre contra el hombre.

Es la fe desnuda, despojada de todo apoyo o seguridad humana, colgada sólo de Dios y de su palabra lo que necesitamos.

Moisés, íntimo amigo y muy favorecido del Señor, fue castigado severamente y privado de entrar en la tierra prometida, por una falta de confianza; y la virgen Santa Clara de Montefalco, padeció once años los mayores desamparos y las más horribles tentaciones, solo por haber reprendido con alguna aspereza la falta de una religiosa. ¡Tal es el celo de Dios! ¡Tan recta su justicia!

Cuando la caridad obliga, debe preferirse ésta a la obediencia.

En algunos casos hasta podría ser un engaño, Satanás es sapientísimo y muchas veces habla por el órgano de las personas a quienes seduce, con el fin de engañarlas y perderlas, y por ellas a otros también.

Para tu dolor no existe preguntas, sólo quien ama lo comprende.

Dios da a los que sinceramente le buscan luz suficiente para ir acertando con Su voluntad.

En todo caso, se puede decirse en términos generales que cuanto más espiritual y santo es un cristiano, con más facilidad capta la providencia de Dios sobre su tiempo, sobre las personas y las obras.

Dice San Juan de la Cruz que el hombre «para llegar a Dios antes ha de ir no entendiendo que queriendo entender».

Los santos nos dan ejemplo de audacia evangélica porque confían en la providencia. Ellos están convencidos de que «lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios».

Gran misterio: la obra más santa de Dios confluye con la obra más criminal de los hombres.

jueves, 20 de noviembre de 2008

SOBRE EL PUDOR

Todo lo que haces hoy tendrá repercusión en la eternidad.

Avergonzarse de la cruz de Cristo es algo diabólico. Es lo que probablemente motivó la traición de Judas.

Pues bien, el impudor es ante Dios atrevimiento morboso de la carne y de los ojos, y sin matarlo, no es posible ir adelante hacia la plena unión de amor con Él.

La poligamia degrada y envilece a las mujeres que la padecen, y a los hombres que la practican.

Cuántas veces corresponde a los que han renunciado al mundo el hermoso ministerio de consolar a quienes lo poseen.

Cuántas veces un fraile de pobre hábito ha de confortar a seglares vestidos con elegancia y lujo. ¿Quiénes son los que viven la verdadera alegría?

«Se divorcian para casarse y se casan para divorciarse (exeunt matrimonii causa, nubunt repudii) Éstos, que se casan y divorcian tantas veces, en realidad viven en un continuo adulterio legal.

Recordad siempre que a más cruz, más resurrección. A más penitencia, más alegría.

El vestido es para el hombre una añoranza de la primera dignidad perdida, un intento permanente de recuperar aquella nobleza primitiva, siquiera en la apariencia.

Y la disminución o pérdida del pudor trae consigo normalmente una debilitación de la castidad en el uso de la televisión y de los espectáculos, en las modas y costumbres, así como en la conducta de niños y muchachos, jóvenes y adultos.

El impudor en las modas y costumbres, en playas y espectáculos, ha coincidido con un aumento de la masturbación, del divorcio y del adulterio, de embarazos de adolescentes, de las prácticas homosexuales y de la lujuria en todas sus modalidades. Son causas que se causan mutuamente.

San Juan Crisóstomo le dice a una mujer: «vas acrecentando enormemente el fuego contra ti misma, pues excitas las miradas de los jóvenes, te llevas los ojos de los licenciosos y creas perfectos adúlteros, con lo que te haces responsables de la ruina de todos ellos» (V,37; +34-38).

La castidad es en la persona una fuerza espiritual, una inclinación buena, una facilidad para el bien propio de su honestidad, y consiguientemente una repugnancia hacia la lujuria que le es contraria.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Padres del desierto


El abad Elías dijo: «Temo tres cosas: una el momento en que mi alma saldrá del cuerpo; la segunda el momento de comparecer ante Dios; la tercera cuando se dicte sentencia contra mí».

Se decía del abad Agatón que durante tres años se había metido una piedra en la boca, hasta que consiguió guardar silencio.

Decían del abad Eladio que había vivido veinte años en su celda sin levantar los ojos para ver el techo.

El abad Juan, que era de pequeña estatura decía: «Cuando un rey quiere tomar una ciudad a los enemigos, primero les corta el agua y los víveres, para que agotados de hambre capitulen. Lo mismo ocurre con las pasiones carnales: si el hombre vive en ayuno y hambre, los enemigos que tientan su alma se debilitan».

Dijo el abad Macario: «Si queriendo reprender a alguno, te domina la ira, satisface tu propia pasión. Por salvar a tu prójimo, no debes perderte tu».

Se celebraron un día misas en el monte del abad Antonio, y se halló allí un poco de vino. Uno de los ancianos llenó una copita y se la llevó al abad Sisoés y éste se la bebió. Recibió una segunda copa y la bebió también. Pero cuando le trajeron la tercera, la rechazó diciendo: «Alto, hermano, ¿acaso ignoras que existe Satanás?».

El abad Sisoés decía: «Nuestra verdadera vocación es dominar la lengua».

Dijo también: «El monje casto será honrado en la tierra y coronado por el Altísimo en el cielo».

«La serpiente con sus insinuaciones arrojó a Eva del paraíso. Lo mismo ocurre al que habla mal del prójimo: pierde el alma del que le escucha y no salva la suya».

Un monje encontró a unas monjas en su camino. Y al verlas se apartó de la calzada. Pero la abadesa le dijo: «Si fueses un monje perfecto, no nos hubieras mirado y no hubieras sabido que éramos mujeres».

Un anciano enfermaba a menudo. Pero un año no tuvo enfermedad alguna. Y él estaba muy afligido y lloraba diciendo: «Dios me ha abandonado, no me ha visitado este año».

Dijo un anciano: «El cuidado por agradar a los hombres hace perder todo el aprovechamiento espiritual y deja al alma seca y descarnada».

jueves, 6 de noviembre de 2008

But evil doesn't die so easily

La disminución de la devoción al Creador es una de las enfermedades más graves del cristianismo actual. No es hoy frecuente invocar al Creador - al menos no lo es tanto como en otros siglos -. Las criaturas son vistas con ojos paganos, como si subsistieran por sí mismas. Esto, según las personas y circunstancias, lleva a la angustia, a la aridez espiritual, al consumismo ávido...

Hemos de contemplar la presencia de Dios en sus criaturas. Mientras el hombre no ve a Dios en el mundo, está ciego; mientras no escucha su voz poderosa en la creación, está sordo (Sal 18, 2-5; 28). Santa Teresa cuenta que no fue educada en la captación de esa presencia, sino que la descubrió por experiencia (Vida 18,15).

Sabe Dios perfectamente cuál es el bien que promueve y cuál el mal que permite para un bien mayor.

Dios da a los que sinceramente le buscan luz suficiente para ir acertando con Su voluntad.

En todo caso, sí puede decirse en términos generales que cuanto más espiritual y santo es un cristiano, con más facilidad capta la providencia de Dios sobre su tiempo, sobre las personas y las obras.

Dice San Juan de la Cruz que el hombre «para llegar a Dios, antes ha de ir no entendiendo que queriendo entender».

Una serena confianza caracteriza el corazón de los cristianos. Pase lo que pase. El hombre necio y carnal vive en la inquietud, se altera por cualquier cosa, es «una caña agitada por el viento» (Mt 11,7). El cristiano sabio y espiritual guarda siempre su alma en la confianza, porque se fía de la amorosa providencia del Señor. Nuestra vida está en las manos de un Dios que nos ama, y que todo lo gobierna.

Este abandono confiado en la Providencia divina ha marcado tan profundamente la espiritualidad del pueblo cristiano que tiene numerosas expresiones en el habla común: «Que sea lo que Dios quiera», «Dios proveerá», «Dios dirá», «Dios quiera que»..., «Si Dios quiere» (+Sant 4,15), «Con el favor de Dios», «Gracias a Dios», «Así nos convendrá», «No hay mal que por bien no venga», «Todo está en manos de Dios», «Dios escribe derecho sobre renglones torcidos», «Dios da la ropa según el frío», «Dios aprieta, pero no ahoga», «El hombre propone y Dios dispone», etc.

Los santos nos dan ejemplo de audacia evangélica porque confían en la providencia. Ellos están convencidos de que «Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios»

«No hay evangelización verdadera -dice Pablo VI- mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios» (Evangelii nuntiandi 8-XII-1975, 22).

Para comprender y vivir el amor al prójimo lo más importante es haber contemplado el amor de Cristo a los hombres.
-porque la contemplación de Cristo nos transfigura en él. «Contempladlo y quedaréis radiantes» (Sal 33,6).

Gran misterio: la obra más santa de Dios confluye con la obra más criminal de los hombres.

jueves, 2 de octubre de 2008

To be Saint

  • En nuestra propia historia, todo lo que nos sucede, grande o pequeño, agradable o desagradable, está invisiblemente regido por el Buen Dios y tiene un sentido.
  • -¿Pecados, tú? ¿Cuáles pueden ser? Dímelo, te lo ruego.
    -¡Vaya una pregunta! exclama San Pascual Bailón fuera de sí; ¿acaso no hay miradas indiscretas, imaginaciones peligrosas y movimientos de impaciencia?...
  • «Muchos robos pequeños forman uno grande, y llegan al fin a sumar una cantidad respetable que hace a uno merecedor del infierno».
  • «Más vale pagar aquí que en el infierno»
  • Su única ambición es ser «la escoba de la casa de Dios» Decían de Pascual Bailón.
  • -La superfluidad de cosas en la celda, solía decir, sirve de impedimento al espíritu para dirigirse hacia Dios.
  • -Sigamos la moda de la pobreza, respondió cierto día a su Guardián, el cual se empeñaba en darle un nuevo hábito. Pascual Bailón.
  • -El prójimo es el medio que Dios nos ha dado para poder apreciar el amor que a Dios tenemos (Santa Catalina de Sena).
  • Nadie puede amar tanto a los hombres como los santos, porque nadie hay que ame a Dios en la medida en que ellos lo aman.
  • En una ocasión le vieron a través de las rendijas de la puerta mientras ejecutaba ante la imagen de la Santísima Virgen la danza de los gitanos. Tal era el medio que le sugería su candorosa simplicidad para recrear las miradas de su Reina Soberana. De este modo imitaba a Santa Teresa, que se entretenía los días de fiesta en tocar la flauta y el tamboril, y a San Francisco de Asís, que echaba mano, a guisa de violín, de dos trozos de madera para hacer sonar así la idea musical de su imaginación exuberante.
  • -Jóvenes, dedicaos a la oración. Huid de los compañeros perversos y de las ocasiones peligrosas, y seréis castos.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Algunos Pensamientos

  • En resistir, pues, a las pasiones se halla la verdadera paz del corazón, y no en seguirlas.
    No hay, pues, paz en el corazón del hombre carnal, ni del que se entrega a lo exterior, sino en el que es fervoroso y espiritual.

  • El que no está dispuesto a sufrirlo todo, y a hacer la voluntad del amado, no es digno de llamarse amante.
  • Y no está sólo el aprovechamiento de la vida espiritual en tener gracia de consolación, sino en que con humildad, abnegación y paciencia lleves a bien que se te quite, de suerte que entonces, no aflojes en el cuidado de la oración, ni dejes del todo las demás buenas obras que sueles hacer ordinariamente.
  • Aún no has resistido hasta derramar sangre. Poco es lo que padeces, en comparación de lo que padecieron tantos, tan fuertemente tentados, tan gravemente atribulados, probados y ejercitados de tan diversos modos.
  • No es cosa de poca importancia ganar o perder el reino de Dios.
  • Acércate, pues, con una fe firme y sencilla, y llégate al Sacramento con suma reverencia; y todo lo que no puedes entender, encomiéndalo con seguridad al Dios todopoderoso. Dios no te engaña; el que engaña es el que se cree a sí mismo demasiadamente. Dios anda con los sencillos, se descubre a los humildes, y da entendimiento a los pequeños, alumbra a las almas puras, y esconde su gracia a los curiosos y soberbios. La razón humana es flaca, y puede engañarse; mas la fe verdadera no puede ser engañada.
  • Algunos padecen graves tentaciones al principio de su conversión, y otros al fin.
    Pero otros son molestados casi por toda su vida.
  • Si no puedes hacerte a ti cual deseas, ¿cómo quieres tener a otro a la medida de tu deseo? De buena gana queremos a los otros perfectos, y no enmendamos los propios defectos.
  • ¡Ay de nosotros? ¿Qué es nuestra vida comparada con la suya?
    Los Santos y amigos de Cristo sirvieron al Señor en hambre y en sed, en frío y desnudez, en trabajos y fatigas, en vigilias y ayunos, en oraciones y santas meditaciones, en persecuciones y muchos oprobios.
  • Los mayores Santos evitaban cuanto podían la compañía de los hombres, y elegían el vivir para Dios en su retiro.
  • Por esto, al que quiere llegar a las cosas interiores y espirituales le conviene apartarse con Jesús de la gente.

viernes, 8 de agosto de 2008

Crecimiento y Reflexión

  • ¿Cómo puedes evitar que una gota de agua se evapore?
    (“Tirándola al mar”)

  • Hay cosas que hemos de olvidar con el fin de volver a aprenderlas, y hay cosas que debemos poseer con el fin de renunciar a ellas.

  • Quizás puedas decirme que es mas importante: Satisfacer mil deseos propios, o conquistar uno solo tuyo.

  • Moisés vivió 120 años, y su vida se resume en tres pinceladas: Los primeros 40 años, pensando que era alguien ¡Hijo del Faraón! Los segundos 40 años, pensando que no era nadie, en el desierto, cuidando las ovejas de su suegro Jetró, hasta que estuvo bien humillado, listo para la labor. Los últimos 40 años, descubriendo lo que Dios puede hacer con alguien que no es nada, ¡Liberar a su pueblo del Faraón!

  • «Cuanto menos obra el alma con habilidad propia va más segura, porque va más en fe»

  • Y así, cuando el alma quitare de sí totalmente lo que repugna y no conforma con la voluntad divina, quedará transformada en Dios por amor»

  • Los apetitos sensibles desordenados «cansan el alma y la atormentan y oscurecen y la ensucian y enflaquecen.

  • La santidad cristiana no siempre exige «no tener», pero siempre exige «tener como si no se tuviera»

  • De poco valdría que el hombre se liberara del Demonio y del mundo, si estuviera sujeto a la carne.

  • Los demonios son ángeles caídos, que atacan a los hombres en sus niveles más vulnerables -cuerpo, sentidos, fantasía -.

  • «Cuanto más el hombre se acerca a Dios, tanto más se ve pecador» El no ir ganando es ir perdiendo...y no adelantar es retroceder.

  • El principiante ha de vencer el pecado mortal, el adelantado centra su lucha contra el pecado venial, y el perfecto llega a una relativa impecabilidad.

jueves, 3 de julio de 2008

Aforismos III

  • Obligatorio es alcanzar la Santidad, ley fue y seguirá siendo, y hay de aquel que no la adquiera, aunque ésta deja de ser obligatoria y ley cuando iluminados por la gracia nos da a entender que es lo único que nos une con Dios.
  • Cuerpo y alma, dos opuestos inseparables y necesarios entre sí, aunque sin alma no hay vida humana, pero sin cuerpo eternamente viviremos. Necesario es abandonar el cuerpo.
  • La libertad es el orden en las cosas sin razonamiento, es la acción sin movimiento, y aunque todos la anhelamos, sin razonamiento, no sería posible adquirirla.
  • La contradicción necesita de la afirmación y viceversa, esto es tan real como que el hombre necesita llorar y reír a lo largo de la vida.
  • Todos rechazamos el dolor, sin embargo si no pasáramos a través del mismo no lo conoceríamos y seguramente lo buscaríamos. ¡Quién sabe!
  • Seguir o no seguir, intentarlo o no, quererlo o no. ¿Acaso en las decisiones, siempre hay entusiasmo y determinación?
  • Después de todo, el gusto por lo espiritual nace solamente a fuerza de someter el cuerpo, disminuir los placeres y aniquilar la voluntad.
  • La felicidad sólo la encontré en uno que no quería morir y murió, en aquel que engrandecía su Yo y se negó a aceptar lo que no quería y ocurrió. Entonces pensé: Porque no hago lo que quiero y sí, hago lo que no quiero.
  • De mil maneras he intentado enderezar mi vida y marchar por la senda correcta, y de mil maneras intentó trasmitirme que por mis medios jamás lo lograré.
  • Cada vez que intento llegar, siento que estoy mas lejos. Pero cuanto más me alejo, siento que ya llegué.
  • Los votos han de cumplirse al igual que cuando siento hambre me alimento. Ahora si, si no cumplo mis votos seguiré viviendo, ¿y si dejo de comer?


martes, 17 de junio de 2008

Reflexiones I

  • La Santidad consiste en AMAR Y SERVIR A DIOS Y AMAR Y SERVIR AL PROJIMO; o sea, la Santidad es ejercicio o vivencia de la FE, ESPERANZA Y CARIDAD hasta las últimas consecuencias.
  • "Entre santa y santo, pared de cal y canto". Y esto en la suposición de que sean santos; pero ¿Qué diremos cuando uno de los dos ya está buscando la aventura?
  • Tener ideales y sacrificarse por ellos: he ahí la grandeza del hombre. Y cuanto mas nobles los ideales y mayores los sacrificios, tanto más extraordinarios el heroísmo y la santidad.
  • El esfuerzo ascético consiste en desarraigar lo malo, podar lo superfluo y reforzar lo bueno.
  • Deseaba el padecer; lo pedía al Señor; pero, cuando llegaba, no podía aguantarlo. Santa Verónica Giuliani.
  • Como todos los amantes del mundo, hablaban de amor, de felicidad, de vivir juntos, de soñar juntos, de construir juntos…
  • "Yo he creído porque he sufrido" poeta francés F. Coppée
  • Antes, la tragedia; después, el alejamiento del palacio; y ahora el rechazo familiar… Parecía que todos los puentes se hundían bajo los pies de Margarita de Cortona; pero todos ellos no eran sino etapas o jalones de un difícil itinerario místico que llevaría a Margarita hacia las azuladas cumbres de la Santidad.
  • Se sabía hermosa y seductora, dotada de esos poderosos encantos que enloquecen los corazones masculinos.
  • Y el AMOR es SANTIDAD.
  • El hombre es una unidad. Por eso tanto el cuerpo como el alma necesitan sacrificarse para reparar.
  • En efecto, medida y clave de la Santidad es el amor de Dios y del prójimo.
  • En las manos de Don Bosco o del Padre Kolbe el dinero puede servir para grandes obras culturales y asistenciales; pero en otras manos, puede servir para el soborno, para comprar conciencias y pagar asesinos.
  • Sin embargo, la Psicología nos enseña que todo hombre necesita un signo, que lo atraiga y lo comprometa. Tanto el soldado como el maestro necesitan un uniforme o un guardapolvo que los distinga, los ubique y les recuerde su misión.
  • Lamentablemente, muchos ignorantes o presuntuosos no comprenden la Santidad de Dios que rechaza todo pecado y toda sombra de pecado; ni comprenden la malicia de todo pecado, tanto del mortal como del venial que, por ser ofensa de Dios y del prójimo, merece toda condenación y expiación.
  • Algunas veces nada grave se encuentra en nuestras almas, pero, con que halla un poco de polvillo impedirá que los rayos divinos lleguen a nosotros con toda tesura, esta son la neblina de algunas distracciones.
  • Y se vengó como se vengan las almas grandes: callando, sufriendo, y haciendo.
  • En verdad, los Santos son hombres de rica humanidad y están amasados por una desafiante y heroica originalidad.
  • El santo, justamente por ser hombre de Dios, es hermano y amigo de todos los hombres, conoce sus problemas, comparte a menudo sus miserias y a todos ofrece su solidaridad.
  • La Fe es asirse a Dios, y Dios lo puede todo. Luego, ¡siempre adelante!
  • Sólo Dios lo sabe. ¡y esto basta!
  • La Santidad del Señor exige gran pureza de conciencia y gran vigilancia sobre los propios actos.
  • La medida de la realización de uno es la medida de su amor y de su entrega a los demás.
  • Los hombres terrenales, acosados por bajezas y miserias, nos resistimos a comprender esos vuelos del espíritu.

martes, 10 de junio de 2008

Reflexiones

  • Salir de Egipto (pecado), atravesar el Desierto (penitencia), y llegar a la Tierra Prometida (santidad).

  • El principiante ha de vencer el pecado mortal, el adelantado centra su lucha contra el pecado venial, y el perfecto llega a una relativa impecabilidad (+San Ignacio, los grados de humildad, Ejercicios 164-167).

  • Sin temor alguno a las medidas radicales para alcanzar el estado de santidad, si lo fuera necesario: cambiar de domicilio, dejar de ver a alguien, renunciar a un ascenso-, y sin dramatizar los despojamientos que fueran precisos, que siempre serán una nada.

  • No adelantar, es retroceder

  • El no ir ganando es ir perdiendo...
  • El que no tiene cuidado de remediar el vaso, por un pequeño resquicio que tenga basta para que se venga a derramar todo el licor que está dentro. Y así, una imperfección basta para traer otras, y éstas otras; y así casi nunca se verá un alma que sea negligente en vencer un apetito, que no tenga otros muchos que salen de la misma flaqueza e imperfección que tiene en aquél, y así siempre van cayendo.

  • «Cuanto más el hombre se acerca a Dios, tanto más se ve pecador» (65,289).

  • «Cuanto menos obra el alma con habilidad propia va más segura, porque va más en fe»

  • Y así, todos los primeros movimientos de las potencias de las tales almas son divinos; y no hay que maravillarse de que los movimientos y operaciones de estas potencias sean divinos, pues están transformadas en ser divino» (3 S 2,9).

  • Así lo dice San Juan de Avila sencillamente: «No has de vivir, hermano, por tu seso, ni por tu voluntad, ni por tu juicio; por Espíritu de Cristo has de vivir» (Sermón 28, 478-480)

  • «El alma no se une con Dios en esta vida por el entender, ni por el gozar [de la voluntad], ni por el imaginar, ni por otro cualquier sentido, sino sólo por la fe, según el entendimiento, y por esperanza según la memoria, y por amor según la voluntad. Las cuales tres virtudes todas hacen vacío en las potencias: la fe en el entendimiento, vacío y oscuridad de entender; la esperanza hace en la memoria vacío de toda posesión; y la caridad vacío en la voluntad y desnudez de todo afecto y gozo de todo lo que no es Dios» (2 S 6,1-2; +STh I,1,8 ad 2m).

viernes, 11 de abril de 2008

Santidad Laical


Tanto los laico como los religiosos estamos llamados a la santidad y así algún día estaremos como ángeles unidos a toda la milicia santa adorando al Dios Trinidad. Ahora bien, sabemos que la vida religiosa esta perfectamente proyectada para alcanzar ese estado mas fácilmente, se podría decir de alguna manera, que no se está tan expuesto al mundo y sus placeres como lo está el laico.

Sin embargo el camino del laico hacia la santidad es realmente increíble y digno de destacar aunque pocas veces lo podamos apreciar. Ciertamente estamos acostumbrados a imaginar la vida de un laico insertado en una sociedad y su desarrollo en el núcleo familiar atormentado, corriendo sin tiempo intentando acrecentar los ingresos y hasta como a modo de “un cumplido” yendo a misa los domingos. Pero no olvidemos que hubo también muchos hombres y mujeres que en grado de heroicidad han demostrado que es posible la santidad en el mundo y desde la familia, brillantes caminos que pocos se atreven a recorrer, delicias inimaginables de la verdadera vida del hombre que ve desde lo más hondo de su interior, valientes guerreros que aprendieron a sufrir en silencio y ser negados incluso por los suyo, por los mas cercanos, por sus propias esposas/os, hijos/as porque como dice el Señor, nadie es profeta en su tierra.

En esta hermosa carrera, el que verdaderamente nos va guiando es el Espíritu Santo, El sopla sobre sus siervos cuando quiere como quiere y donde quiere ¿quienes somos nosotros para limitarlo? Cada laico sediento de santidad debería dejarse llevar por el mismo Espíritu, si nos inspirara a rezar la liturgia de las horas porque negárselo y si nos inspira a orar por la noche porque no hacerlo o si no condujera a alguna obra piadosa, quienes somos para levantar la voz y recordarle nuestra condición laical. ¿No es Él el dueño de todo y todos? ¿Acaso no puede hacer lo que quiera con sus criaturas?

Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios.

La vida hacia la perfección cristiana en suma, no es mas que adherirse a Dios mas y más, es ir sintiendo a Jesús mas cerca de nuestras vidas, pero de verdad. Es aprender a vivir de la fe y eliminar poco a poco nuestro “YO” que nos hace creer omnipotentes, esa fe que en mucho casos ha cocinado sabrosos banquetes sin intervención humana o hizo volar a personas venciendo la gravedad, esa fe que muchas veces resucitó muertos o hizo ver a los ciegos, esa fe que traspasó paredes o continentes, esa fe que hizo que no se alterasen en lo mas mínimo aquellos santos ante los horrores mas indecibles de la historia humana, esa fe que advertía el pasado y el futuro o hacía surgir las cosas mas ocultas a la luz y que nadie salvo el involucrado sólo lo sabia. Caminos que van en contra del mundo y muchas veces de las costumbres propias de los hombres.

En suma, atrevámonos a ser distintos, a ser todo de Dios, intentemos reconciliarnos con la gracia y vivir mas a pleno la vida divina de Jesús y dejar atrás al hombre viejo. Que Dios sea realmente el centro de nuestra vida, lo único importante y que poco a poco vallamos desapareciendo para encontrarnos con aquel que colgó en un madero por vos y por mí y evitando todo pecado aprendamos a caminar con santidad y justicia en su presencia todos nuestros días.

Suceda lo que suceda no peques.

martes, 25 de marzo de 2008

Enfréntate con vos mismo, ese es el peor enemigo


"Porque eras grato a los ojos de Dios,
era preciso que la tentación te probase"


Tobías 12, 13

¿Acaso piensas seguir viviendo en la mediocridad, en la propia miseria sin siquiera levantar un poco la vista para ver que pasa a tu alrededor, que pasa dentro tuyo? Seguramente no quieres sufrir, estas cansado de que las cosas te salgan mal. Vamos a profundizar un poco mas altruistamente, que es el sufrimiento ligado a la cruz de Cristo y que significa renunciar a uno mismo sin caer en el masoquismo, sino más bien buscar gloriarnos solo en la cruz de Jesús.


Para empezar solo hablaré de la Santidad en el estado laical o seglar. Entendamos como punto de partida que en la vida laical todo parte desde un eje central al que son llamados los seglares. Ese es el MATRIMONIO. Si surgiese alguna teoría que quisiese hablar de Santidad en este estado y quisiera dejar la vida familiar de lado, sería como querer destruir las bases de las instituciones propias de la Santa Madre Iglesia o como muchos dicen "yo no necesito a los curas o ir a la iglesia para creer en Dios". Ahora bien, Dios quiere que cada uno se santifique desde el lugar que el nos puso, cueste lo cueste, suceda lo que suceda. Porque a menudo nos suele pasar que el mundo nos agobia, nuestros trabajos nos abruman y luego el desenlace final diario del hogar. La Santidad no es algo que se compra o se obtiene de un día para el otro, sino es más bien la suma del sudor y las lágrimas recogidas a los pies del crucificado, que darán como resultado ese estado de purificación interior. Es claro que el comienzo de una vida santa es Amar a Dios y al prójimo, porque si no sentimos realmente que Dios esta en nuestra escala de valores como pionero de nuestras vidas es inútil seguir, puesto que sin la base no habrá cimientos. Para seguir, Dios nos amo hasta el extremo y por eso Él mismo siendo todo se hizo nada, para sacarnos de la inmundicia y darse a todos los seres humanos. Todos fuimos creados a imagen y semejanza de Él, y por eso Él esta en todos y de ahí se desprende aquel juicio que dice: si no amas a tu hermano a quien ves, o sea, que tiene a Dios en sí mismo, mucho menos amaras a Dios a quien no ves. Entonces, si Dios esta en todos, todos tenemos algo de Dios y por ende, si no amo a los hombres no amaría esa parte de Dios que habita en ellos.


El apóstol Juan enseña que Dios es amor, si Dios es amor, cuando comulgamos, el amor entero entra en nosotros. Pero como se explica, sino achacando a nuestra falta de intimidad en la comunión, que después de haber comulgado no sintamos mayor amor a los demás. Se me viene a la mente aquellos Santos varones de Dios que llegaron a amarlo tanto que sus corazones se incendiaban de amor literalmente. Entre otos hechos que narraré, acá les expongo el del Padre Fray Miguel de los Santos:


Estando una tarde el Padre Teodoro de San Francisco hablando con dicho santo sobre el modo que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, y queriendo explicar el amor recíproco que hay en las divinas personas, vio que al dicho siervo de Dios, se le abrió el pecho, y salió por él una grande llama de fuego y que en el lugar a donde los hombres Tenían el corazón, Miguel de los Santos tenía una gran llama de fuego, lo cual dicho cura postrándose a sus pies lo reconoció como Santo. Y agrega que el Santo solía decir que para él no había agua que estuviese fría, es que tenía el pecho tan encendido y abrasado del amor de Dios, que era necesario echar cosas frescas en él.


Se cuenta de San Estanislao de Kostka:


Que era tan intenso el fuego que consumía su corazón, que en el rigor del invierno era preciso aplicarle paños empapados de agua helada.


El corazón del fundador de los Pasionista, San Pablo de la Cruz:


Ardía de tal modo en el fuego del divino amor, que más de una vez la parte correspondiente de su túnica de lana apareció completamente quemada y dos de sus costillas presentaban una curvatura notable al lado izquierdo.


Del amor al prójimo narrare un hecho realmente asombroso para nuestro "YO" aún no extinguido y que hasta es posible que juzguemos este hecho como demencia humana, o queramos utilizar los juicios o la moral correspondiente a las normas básicas de nuestra sociedad. Criterios que no son compatibles con el actuar de aquellos hombres puros, donde obraba mas bien Dios en ellos, que ellos mismos, debido a que sus "YO", se habían extinguido, ellos habían disminuido para dejar que Cristo crezca en ellos:


Un juez musulmán, indignado por una injusticia cometida contra el P. Redentor de la Orden de los Trinitarios, ordenó que diesen al ofensor seiscientos palos. Pero el P. Juan Gil, olvidado de la injuria, y "apiadándose de su bárbaro e injusto ofensor, con entrañas verdaderamente cristianas, suplicó con grandes instancias al juez que por el amor del sumo Dios no le hiciese mal; porque su contento y alegría, y lo que mejor estaba a un cristiano, y sobre todo de su oficio y cargo, era padecer mucho mas que no aquello, por Jesucristo, su verdadero Dios y Señor. Quedó el juez maravillado de ver una mansedumbre tan cristiana como esta… El fuego inextinguible del amor de Dios y del Prójimo, de que estaba abrazado el sensible y magnánimo corazón de Fr. Juan Gil le inspiró un arbitrio eficaz para librar de los tormentos a su agresor. Viendo que sus palabras eran ineficaces, se hecho sobre el turco que en tierra estaba tendido, y cubriéndole con el manteo, en un sublime y heroico arranque de caridad apostólica dijo al juez: A mí, señor juez, den los palos y no a él. Y tantas veces repitió esta suplica, que, al fin, perdonaron al turco y así, tanto turcos como renegados decían: Este sí que es sacerdote. ¡Que buen hombre! ¡Qué honrado cristiano! ¡Que virtud! ¡Que piedad!

miércoles, 19 de marzo de 2008

La vida Eterna




Si quisiéramos reflexionar directamente sobre la existencia del mas allá y querer demostrar que hay vida mas allá de la muerte, seguramente se nos haría muy difícil por no decir, imposible de evidenciarlo, debido a que carecemos de pruebas fehacientes para poder fundamentarlo. Es que ahí comienza toda nuestra vida en la fe, a sabiendas de que la muerte es el acceso a la vida, es la única forma de entrar en la eternidad.


Ahora bien, la eternidad no es el fin de algo para entrar en algo nuevo. Podríamos decir como dice el Teólogo Rollo Marín:


No acaba todo con la vida; todo vuelve al orden con la muerte.


Ese orden es Dios, pues cuando la muerte no existía la vida estaba en toda su plenitud, pero con el pecado accedió la muerte a la vida, por eso es que inversamente hablando se dice que con la muerte volvemos a la vida, todo vuelve a su estado natural, o sea a Dios.


A partir de este principio, yo creo que dentro del ser humano está escrita esta verdad por Dios en el centro del corazón de cada uno, incluso de los más agnósticos. Es muy probable que durante los años de esplendor, en la primavera de la juventud, nos olvidemos de Dios, pero al sentir próxima la muerte comenzamos a replantearnos sobre la existencia de la eternidad. Aunque no queramos aceptar la muerte, constantemente nos vinculamos con ella, vamos al cementerio, leemos en los diarios cuantos recién nacidos mueren, jóvenes que mueren, ancianos que mueren. Nos damos cuenta que la muerte esta en todas partes y llega cuando quiere. Nadie puede hacerse ilusiones, nadie se escapará de la muerte. No vale alegar argumentos, es inútil invocar el cargo o la posición social. No les aprovechó para nada la tiara a los Papas, ni el cetro a los reyes o emperadores, ni el poder a Napoleón o a Alejandro Magno, ni las riquezas a Creso, ni la sabiduría a Salomón. Todos murieron indefectiblemente.


Hoy me ha tocado a mí, pero mañana te tocará a ti.


Les voy a leer la declaración del médico Mr. Tronchin, protestante, que asistió en su última enfermedad al patriarca de los incrédulos. Va a decirnos él, personalmente, lo que vio:


"Poco tiempo antes de su muerte, Mr. Voltaire, en medio de furiosas agitaciones, gritaba furibundamente: Estoy abandonado de Dios y de los hombres. Se mordía los dedos, y echando mano a su vaso de noche, se lo bebió. Hubiera querido yo que todos los que han sido seducidos por sus libros hubieran sido testigos de aquella muerte. No era posible presenciar semejante espectáculo".
La Marquesa de la Villete, en cuya casa murió Voltaire y que presenció sus últimos momentos, escribe textualmente:
"Nada más verdadero que cuanto Mr. Tronchin –el médico, cuya declaración acabo de leer– afirma sobre los últimos instantes de Voltaire. Lanzaba gritos desaforados, se revolvía, se le crispaban las manos, se laceraba con las uñas. Pocos minutos antes de expirar llamó al abate Gaultier. Varias veces quiso hicieran venir a un ministro de Jesucristo. Los amigos de Voltaire, que estaban en casa, se opusieron bajo el temor de que la presencia de un sacerdote que recibiera el postrer suspiro de su patriarca derrumbara la obra de su filosofía y disminuyera sus adeptos. Al acercarse el fatal momento, una redoblada desesperación se apoderó del moribundo. Gritaba que sentía una mano invisible que le arrastraba ante el tribunal de Dios. Invocaba con gritos espantosos a aquel Cristo que él había combatido durante toda su vida; maldecía a sus compañeros de impiedad; después, deprecaba o injuriaba al cielo una vez tras otra; finalmente, para calmar la ardiente sed que le devoraba, llevóse su vaso de noche a la boca. Lanzó un último grito y expiró entre la inmundicia y la sangre que le salía de la boca y de la nariz".


Para terminar les dejo esta reflexión de un Filosofo pagano que con angustia exclamaba:


"Ningún sabio satisface esta duda que me hiere: ¿es el que muere el que nace o es el que nace el que muere?"

martes, 18 de marzo de 2008

La Santidad



Podríamos decir que el secreto de la santidad consiste en lograr una unión más fuerte día a día con Dios, es ir transformándose en Cristo, asemejándonos a él en todo. Esto significa vencernos a nosotros mismos, eliminar nuestros egoísmos, desaparecer para enaltecer la figura de Jesús. Gloriarnos solos en la cruz del Crucificado. En un principio nuestro estado natural gozaba en verdad de una verdadera santidad hasta que por el pecado perdimos ese estado y quedamos sumergidos en la más baja miseria humana con una inclinación obstinada hacia el pecado.

Por la gracia de Dios fuimos liberados, pero el pecado original quedó tan impreso en nosotros que pocos logran morir en olor de santidad. Ojalá pudiéramos proclamar con el apóstol Pablo:



Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Que hermoso misterio encierran estas palabras, a que edad espiritual avanzada hay que llegar para poder decir esto desde el corazón y con la certeza de este apóstol de Cristo.



El querer ser santo es una obligación, es asemejarse a Cristo, es anhelarlo con todo nuestro ser, es avanzar siempre con fe, suceda lo que suceda, es abismarse a las profundidades mas escarpadas confiando solo en Él, es desear a Dios y nada mas, es saber que lo único importante es Cristo y todo lo demás es basura, por eso dice el apóstol en otro lugar:



Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo…..



Entender esto es entender el principio básico que nos llevará directo a la santidad, no importa que fuiste antes, no importa que te ocurrió, no interesa tu pasado, es como una línea que se traza y a partir de ahí se mira hacia delante, puesto que la escritura dice:



Quien pone el pie en el arado y mira hacia atrás no es digno del reino de los cielos



Escuchemos a Santa Gema Galgani quien comprendió a la perfección las palabras de Pablo:



Comprendí entonces que las delicias del Cielo no son como las de la tierra. Me sentí presa del deseo de hacer continua aquella unión entre Jesús y Yo. Cada vez me sentía mas cansada del mundo y más dispuesta para el recogimiento.


Es evidente que quien camina hacia la santidad debe coincidir con esta verdad, puesto que no hay otro camino:



solo dios basta, Eleva el pensamiento, Al cielo sube, Por nada te acongojes, Nada te turbe.



Él es el que da sentido a nuestra vida y aunque suene repetidas veces en distintos lugares, solo por los frutos los conoceréis.
Por eso el apóstol enseña unos versos mas abajo:



Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús.



Que hermoso sería que pudiéramos decir con Gema:



Quiso cierto día Sor julia entretener santamente a las niñas de su clase echando suertes sobre a quién le tocaba ser santa. Para ello tomo en la mano tantos palillos como niñas había. Los palillos eran todos iguales, excepto uno, el de la suerte, que era el mas largo. Oculto por uno de los extremos, cada niña iba tirando de uno, y la que tiraba del de la suerte debía ser santa. Tiró de él, casual o providencialmente, nuestra Gema, y sin poder contener el júbilo, dio un salto, y viendo en aquello algo más que un entretenimiento infantil, exclamó resuelta:


Sí, me haré Santa.

martes, 11 de marzo de 2008

Infidelidad


Como entender sin entender, como mirar sin mirar, son algunas de las palabras utilizadas por el Maestro de Galilea. La Biblia nos enseña que no todos podemos ver aunque tengamos ojos y no todos podemos oír aunque tengamos oídos. Si bien todo es gracia, también está la iniciativa que cada uno pone de su parte, el querer ser Santo no es fácil, pero si no lo deseamos jamas la alcanzaremos.



En las escrituras se cuenta que: juan 8, 3-11 los escribas y fariseos le llevan a una mujer sorprendida en adulterio y para ponerlo a prueba le dicen que la Ley de Moisés enseña que hay que apedrearla. Bien, en este cuadro tenemos la mala intención de estos hombres donde lo único que querían era sorprender a Jesús en algo, como por ejemplo actuando en contra de la ley de Moisés, estaban muy lejos de importarles si María había sido infiel o no.



En principio el acto verdadero es muy serio, y a Jesús le importa de verdad. La infidelidad atenta claramente contra la caridad, luego es también una ofensa directa frente a Dios, porque al haber efectuado un voto a Él, no lo cumplimos y atenta directo contra el Espíritu Santo, que de los dos conjugue hizo uno solo.



Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.
Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.



Al faltar a la palabra mentimos y caemos en el primer pecado entonces el circulo nuevamente queda sin cerrar disfrutando de aquellos deliciosos frutos prohibidos. Después aparece el egoísmo y la soberbia, porque nos auto declaramos libres como para rehacer nuestras vidas testificando que ya no necesitamos de la sentencia de Dios y soberbiamente nos hacemos centro de nuestras miserias.



Entonces nuestras almas se van oscureciendo y el sentido real de nuestra vida se irá extinguiendo cada vez mas y nos sumergiremos en un abismo donde difícilmente podremos escapar.



Para terminar, los agresores se van retirando uno a uno, empezando por los mas ancianos y acá vemos lo más hermoso del texto, no importa que hiciste, no importa cuan grande sea el pecado, lo único que interesa es el verdadero arrepentimiento reconocer que uno se equivocó y ese es el momento que está esperando Jesús y también nos dirá con mucha ternura.



Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?»
Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.»


miércoles, 5 de marzo de 2008

Misticismo


La vida sólo se encuentra cuando nos armonizamos con el que nos creó, es decir, frente a la transparencia interior que se exterioriza por las obras.
"Hermanos, ¿qué provecho, saca uno con decir: «Yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta en su soledad. Pruébame tu fe sin obras que yo por mis obras te probaré mi fe".
No se puede ser cristiano a medias, no podemos servir a Dios sin anhelar la santidad, sin cumplir sus mandatos. Ahora bien, esto no es cuestión de cumplir ciertas reglas para salvarnos para tener acceso al paraíso, el tema es aún mucho más profundo. Esto no significa como vulgarmente se dice, que una parte de nuestro cuerpo se desprenderá para habitar en un lugar determinado, sino que así como fuimos pensados antes de que existiéramos en este mundo, de la mismo manera volveremos allá, pero para hablar mas exactamente no hay un "allá", el reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo, o sea que seremos uno con Dios. Ahí se encierra todo el misterio existencial, no gozaremos de un supuesto paraíso, porque solo Dios "Es", y solo en él existimos. Podríamos decir que la vida contemplativa es un comienzo de lo que va a ser la eternidad.
Fijémonos bien lo que dijo Pedro en el momento de la transfiguración del Señor:

"Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto.
Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.
Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías."

¡Que experiencia! Si hubiera sido por Pedro anclaba ahí para siempre. Es un estado donde el alma se encuentra a sí misma, donde entiende que el único bien es Dios, donde lo único que existe es Él y nada más. Así será nuestra vida en el mas allá, de ahí que aquellos santos que comprendieron un poco de lo que va a ser vivir en Dios ya no querían mas nada de este mundo, entienden que todo lo que hay acá es pasajero y que solo por Él, con Él y en Él es lo que necesitamos y nada mas.

Es el eje central del cristianismo, es desear a Dios con todas nuestra fuerzas, nuestra inteligencia, con todo lo que somos. Es olvidarnos de nosotros mismos para darnos a Dios, es negarnos a nosotros para seguirlo, es cargar con la cruz, es despreocuparnos de querer ser feliz en este mundo para gozar de la verdadera dicha en Él, es buscar la cruz para poder entrar en la vida de los elegidos eternamente.

"Has de saber, hija mía, que mis caudales y tesoros están cercados de espinas, basta determinarse a soportar las primeras punzadas, para que todo se trueque en dulzuras."

Santa Brigida

martes, 26 de febrero de 2008

La paciencia


Hermosa virtud, amada por aquellos que desean alcanzar esas colosales cumbres insospechadas por los que no son capaces de abismarse al mundo de la gracia.
Nos enseña Santa Teresa que la paciencia todo lo alcanza, que hermosa virtud inacabable en sí misma, que amada y tan necesaria en tiempos de contrariedad y vulnerabilidad.

San Buenaventura de Potenza, había sido enviado a barrer los atrios del convento por su superior, quién le dijo que no dejara de hacerlo hasta nuevo aviso, atareado por las obligaciones, olvidó por completo deshacer la orden de seguir limpiando, al punto que habiendo terminado de cenar se marchó a su celda a descansar. Al día siguiente, al despertar, recordó su olvido accidental y conociendo al hombre de Dios corrió a su encuentro. Buenaventura seguía pacientemente barriendo como se le había ordenado. Nos damos cuenta rápidamente que esta virtud llevada al limite desborda nuestro entendimiento y nuestras fuerzas, porque proviene de aquel que pacientemente acepto el suplicio de la cruz. Pero no hay que confundir paciencia con resignación, puesto que en la resignación aceptamos las cosas sin esperar nada y con la paciencia se espera cualquier cosa, aunque no tenga solución. Paciencia y fe fueron siempre de la mano, inseparables desde los primeros tiempos.


"Todos alaban la paciencia, pero pocos quieren padecer"

Por eso son tan provechosas las contrariedades de la vida, ellas no ayudan a perfeccionar la virtud de la paciencia, la Biblia nos dice: "Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia", Romanos 5. Dichosos aquellos que la practican, jamas quedarán defraudados, porque ella viene de Dios, ayuda, fortalece y engrandece al alma que la busca con sinceridad, hace fuerte y robustece a aquellos que la buscan.


En una ocasión unos hermanos que fueron a visitar a un santo anciano que vivía en un lugar desierto. Y junto a la ermita encontraron a un muchacho que cuidaba los rebaños y profería palabras muy groseras. Los hermanos consultaron sus asuntos con el anciano aprovechándose de sus respuestas y luego le dijeron: «Padre, ¿cómo aguantas a estos chicos y no les impides este alboroto?». El anciano les contestó: «Hermanos, creedme, que desde hace varios días estoy pensando en mandarles callar, pero me digo a mí mismo: "Si no aguanto esta bagatela, ¿cómo podría soportar una prueba mayor, si Dios permite que se me presente?". Y por eso no les digo nada, para acostumbrarme a sobrellevar todo lo que me pueda suceder». Que maravilla poder llegar a proclamar esta verdad. Humildad, paciencia, obediencia, como poder separarlas o cultivarlas desunidas, como decía el Santo Cura de Ars, "las virtudes han de ser como las perlas del rosario, quitad una sola y todas se caerán".



El Catesismo nos enseña: 1832 Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: "caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad" (Gál 5,22–23, vulg.)

Para terminar mencionemos esta hermosa virtud reflejada en Luisa Piccarreta; "Pero una cosa es cierta: que Luisa, en cierto momento de su vida, adquirió una paz interior, una calma serena que se proyectaba hacia el exterior e impresionaba a quien tenía la suerte de conocerla y hablar con ella. Todo podía suceder en torno a ella sin que nada la alterara nunca. Cuando fue condenada por el Santo Oficio, en 1938, todos se asustaron, todos se agitaron, clero y fieles. Parecía que un terremoto hubiera sacudido y abatido un gran edificio. Pero Luisa permaneció tan tranquila como siempre, serena, como si el caso no la afectase. Dócilmente se sometió al querer de la Iglesia, entregó al encargado del Santo Oficio todos sus manuscritos, y prosiguió su vida plácida, serena, en oración, continuando su trabajo de bordado con bastidor".

viernes, 22 de febrero de 2008

Fe a ciegas


Si dejáramos de utilizar el razonamiento en las cosas espirituales, en las encrucijadas que la vida nos presenta a diario, quizás podríamos ennoblecer nuestra fe sin mancharla con la pesadumbre característica que nos impide el acceso a Dios. Descubrir que realmente nada es imposible, es abrirse a una vida nueva, a la vida de la gracia, es romper con los limites naturales que obstaculizan al alma volar. Solo venciéndonos a nosotros mismos podremos prepararnos para las contiendas de la existencia humana y haciéndonos violencia alcanzar a romper los limites humanos y deslizarnos hacia las cimas mas altas de la espiritualidad, pero teniendo en cuenta que allí solo encontraremos desierto y soledad, donde habita sola, muy sola la virtud. Es de saber que sin cruz no habrá jamas resurrección, de ahí se desprende una encarnizada lucha sin fin, cueste lo que cueste, a pesar de todo, a pesar de uno mismo. Y que aunque el sol se apagara, la luna desapareciera, la tierra se abriera y se acabara el oxigeno, aunque toda la raza humana dijera que no hay Dios y se comprobara científicamente, debiéramos seguir creyendo. Porque Creer es ir mas allá de la razón, es romper con los limites Inherente al hombre, es dejar la lógica circundante, es abrirnos a nuevos horizontes donde nos deslizamos sin piernas, donde nos apoyamos sin bastón, donde miramos sin ojos, por eso en el reino de los cielos las cosas son al revés, el que quiera ser el primero que se haga servidor de todos, quien quiera saber vivir, que viva para servir y los que quieran los primeros lugares que se sienten en los últimos.

De la misma manera discurre la política de los santos que no se conformaron con cumplir ciertas reglas como podría ser la misa dominical y la justicia y utilidad de sus operaciones sólo se conocieron por los efectos. Es que estos pilares se atrevieron a desafiar al orden natural de las cosas dejando destilar desde lo más hondo la incontrovertible fe de aquellos verdaderos maestros de la vida. Veamos a San José de Cupertino:

"Cuando en cierta ocasión una tormenta con granizo asoló la región y mató a casi todas las ovejas de la aldea donde estaba su convento. Los campesinos fueron a contarle su desgracia. José fue tocando una a una a las ovejas muertas, diciéndole: "En nombre de Dios, levántate". Y todas revivieron. Una de ella vuelve a caer y José la increpa: "levántate y permanece viva".

San Francisco Javier:

Mientras navegaba en el archipiélago de Las Molucas se produjo una gran tormenta, Francisco Javier introdujo el crucifijo en las aguas y éstas se calmaron.

Cuando entre los oyentes los había de varias lenguas, cada uno lo oía en la suya.
Un día se celebra un duelo, uno de los contendientes está malherido a punto de morir; Francisco le pregunta si está dispuesto a perdonar a su adversario y le responde que no. Nuevamente le pregunta: "Y no perdonarías si Dios te conserva la vida?". El moribundo dice que sí. "Pues, vivirás" dice Francisco. Y el milagro se produce.


Santo Domingo de Guzmán

Uno de los milagros más conocido es aquel donde Domingo hecha al fuego un libro y un hereje arroja uno de sus libros también al mismo fuego. El libro del hereje se consume instantáneamente y el del santo no.

Resumen

Dejemos que nos hable Santa Teresa de Lisieux sobre la santidad:

"La santidad no consiste en tal o cual práctica, sino en una disposición del corazón (del alma) que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra insignificancia y confiados hasta la audacia en la bondad del Padre."

Ahora a Santa Teresa de Jesús:

"...Procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados... tener a todos por mejores que nosotros..."

martes, 19 de febrero de 2008

La inmortalidad del alma


Bajo el beatífico cielo, el cordero inmolado concibió que lo sentenciado fuera redimido sin que mente humana lo hubiera sugerido, y así, inflamando aquellos corazones justificados, quedaron todos los que se atrevieron a vivir sobrenaturalmente, divinizados. Justificados sin que nadie lo hubiera sugerido, Imbuyéndonos en nuestro interior, siendo nada nos hizo inmortales, porque en un pensar, existimos, más nunca desapareceremos, a que tanta misericordia no merecida, que al hijo entregó aquel que ya sabía desde el principio, cuanto le fallaría su propia creación, que al igual nos creó, para sufrir quien no sufrió.


Ojos que no ven, oídos que no oyen, que de tanto meditarte quizás vean o se abran los sentidos sin sazón. Que cuanto más me aferro a criatura más me alejo del creador, mea culpa que razono lo que nunca merecí y si así siguiera cavilando más "nada" me hiciese yo, que de la nada existí y un infierno merecí. Entre luces y sombras vamos por ahí, que cuanto más te conozco más quiero de ti, único sentido sin igual, que con un solo mirar arrobado quedé y que ya no hay cosa que deleite, si no es tu vida en mi ser.


Innumerables son las experiencias místicas expresadas por los santos, tanto, que el verdadero sentido de lo vivido, al querer plasmarlo en los libros termina perdiendo el carácter esencial de lo experimentado. Es que todo lo que viene de Dios jamás se podrá expresar debido a que supera ampliamente el razonamiento humano. Todo esto llega a tal punto, que dejando en esas almas tanta tristeza, rara vez logran sobreponerse dejándolos sumergidos en un estado de amargura inacabable. Recordemos a Santa Teresa de Avila entre otros, que ya no querían vivir mas en este mundo, queriendo dejar todo definitivamente para unirse con su creador.


Incomprensibles realmente son los caminos de aquel que se inmoló por puro amor, y de no ser así, todo perdería sentido. La vida se recobra al perderla, el que se pierde a sí mismo se encuentra y lo insustancial se hace sustancia, cuando sondeando la realidad desde otro ángulo, desde la piedra angular, las cosas recobran su verdadero sentido.


El alma fue creada inmortal, por eso a medida que se va uniendo a su creador la materia se va desvaneciendo casi como divinizándose con el todo. Como olvidar aquellos cuerpos que vencidos por el amor profesado a Dios, venciendo la gravedad, se deslizaban a metros del piso o quedaban suspendidos por los aires sin lógica alguna. Oh, Dios, que te haces todo en todos, que sorprendes a tus siervos exaltándolos a una categoría inimaginable, que descubres en ellos el velo que nos separa de vos, que haces traslucir las luces inmortales de la unión beatífica que se celebraran algún día en tu fiesta eternal.

lunes, 18 de febrero de 2008

Mira en tu interior


Déjate abrazar por el fuego del Espíritu Santo, que te consuma ese Fuego Santo, no intentes apagar más esa hoguera, esas llamas que queman para purificarte, para santificarte, porque sin ese fuego jamás verás veras su rostro. Mira que Él está en la cruz ahora por vos, contempla sus clavos y la sangre que corre por todo su cuerpo, piensa cuanto dolor siente y que casi no puede respirar, y todo esto para salvarte a vos y mi. Hasta cuando seguiremos viviendo una vida relajada, hasta cuando seguiremos practicando una religión llena de costumbres y sin contenidos.

"Aplica tu mente al espejo de la eternidad; y pon tu alma en el esplendor de la gloria, y tu corazón en la figura de la divina substancia; y transfórmate totalmente por la contemplación en la imagen de su divinidad, para que también experimentes lo que experimentan los amigos cuando saborean la dulzura escondida que el mismo Dios reservado desde el principio para los que lo aman"

Carta tercera de Santa Clara a la Hermana Inés

Entremos en los ríos infinitos de la Majestad, Él puede darnos más de lo que imaginamos, dejemos nuestros egoísmos para adentrarnos en los misterios divinos, en las fuentes sagradas necesarias para cualquier alma, transformémonos en seres espirituales, divinicémonos en aquel que es divino, contemplemos y llenémonos de esa fuente viva, cambiando todo razonamiento por comunicaciones silenciosas y faltas de palabras, pero llenas de comprensión absoluta sin margen de errores, acariciemos la substancia, el néctar de la vida, volemos sin límites buscando la absoluta unión con Dios en Cristo Jesús. Adhirámonos al manantial de gracias y encontraremos la vida verdadera traspasando el mundo material, abandonemos el apego a todo lo que no es Dios y así treparemos hasta el infinito desde la nada hasta hacernos uno con aquel que colgó de un madero para transformar a la humanidad.

"Tú puedes contener a Aquél que te contiene a ti, y a todas las criaturas y poseer algo que es la más firme posesión con todas las demás posesiones de este mundo. Se engañan, pues, tantos reyes y reinas que, por mucho que suban hasta el cielo con su soberbia y toquen las nubes con su cabeza, al fin se verán reducidos como a una especie de estercolero".

Carta tercera de Santa Clara a la Hermana Inés

Que puedes encontrar fuera de la fuente de origen de todas las cosas, sino miseria, llanto, dolor y pesadumbre. Buscar la felicidad en esta tierra es egoísmo y en el egoísmo hacemos lo que queremos y deseamos; sin embargo para alcanzar la santidad debemos negarnos a nosotros mismo y seguir al Amor de los Amores, debemos renunciar a toda felicidad pasajera y como punto de llegada tener solo la eternidad.

La salida alegre causa muchas veces triste vuelta, y la alegre trasnochada hace triste mañana. Así, todo gozo carnal entra blandamente; mas al cabo, muerde y mata.

Tomas Kempis
Libro primero Capítulo 20

Toma nuestras miserias Amado, y transfórmanos totalmente en victimas vivas para poder ser corredentores en tu Sagrada Obra, haznos entender los misterios más ocultos de la cruz y así transformándonos en ostias vivas cambiemos a la humanidad titubeante de las cosas del espíritu. Que podamos todos los días observarnos y meditar sobre el camino que nos conduce a la cruz, reveamos constantemente nuestras acciones para ver si las nuestras se unen a las de Jesús. Leamos, pensemos, meditemos, lloremos, suframos, desgarrémonos, sintámonos morir, pero no pequemos.

"Siendo el esplendor de la gloria eterna, el brillo de la luz eterna y el espejo sin mancha, mira diariamente este espejo tú, oh reina y esposa de Jesucristo, y constantemente observa en El tu rostro, para revestirte totalmente por dentro y por fuera con variedad de adornos y rodearte de flores y vestidos de todas las virtudes, como corresponde a quien es hija y esposa castísima del Rey supremo".

Carta cuarta de Santa Clara a la Hermana Inés

jueves, 14 de febrero de 2008

Los ejemplos de los Santos



¿Acaso querés alcanzar el estado de santidad sin sufrir? ¿Crees que aquellos valientes soldados lo lograron sin derramamiento de sangre? ¿Imaginas que como en los libros, esos verdaderos guerreros llegaron a la santidad dando vuelta una simple página? No. Nuestro Dios antes de preparar a un hombre para llevarlo a la más alta contemplación primero lo "destruye", lo aniquila, lo hace desaparecer a sí mismo hasta que solo quede su creador y que éste sea su único objeto y razón de su existencia.
El que nunca había sufrido quiso sufrir, el que lo sabe todo tuvo que aprender, el que es ilimitado se limito, el que ni el universo mismo puede contenerlo se limito a un simple cuerpo humano. Ojalá tuviéramos la humildad de ese Dios Trinidad único, que siendo todo se hizo nada por pura iniciativa suya. Para ser Santo solo hay que quererlo, así de simple, pero sabiendo que la vida de uno va a cambiar radicalmente porque Dios necesita moldearnos, y solo en medio de las tormentas el hombre puede comprender sus limites y miserias, solo así somos capaces de conocernos y saber que nada somos sin su gracia ¿Crees que ya sufriste lo suficiente? Contemplemos lo que le aconteció a Job:


13 El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor,
14 vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos;
15 de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»
16 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»
17 Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»
18 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor.
19 De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»
20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra,
21 dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!»
22 En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.

Job 1, 13 - 22


Y crees que terminó ahí, no. Perdió todos sus bienes, pero ese sufrimiento no bastaba aún, había que hacerlo sufrir más ¿Qué era lo mas apreciado que tenía, oh!!! Claro !!!!!! Sus hijos, eso es perfecto, y murieron todos. Y crees que terminó ahí, tampoco, hay que sufrir mas, nunca es demasiado para Dios y el texto continúa diciendo que finalmente tocó su salud:


El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.
8 Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura.
9 Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!»
Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios.

Job 2, 7-10

Pero como no bastaba tampoco, su propia esposa comenzó a injuriarlo y aconsejarle que abandonara su Fe y a ese Dios que aparentemente no parecía ser muy redituable seguirlo, cuantas veces nuestros seres mas queridos son los primeros que nos traicionan:


Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar.

Salmo 41 (40), 9


Y crees que terminó ahí, nada mas lejos que eso, después de enterarse de lo sucedido, unos amigos suyo decidieron venir a condolerse del Pobre Job y el texto termina así:


13Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande.
Job 2, 13

Claro !!!!! Quien no habría de condolerse después del estado en que quedó el Santo Job, ninguno se atrevió a abrir la boca por 7 días.






miércoles, 6 de febrero de 2008

Vivir escondidos con Cristo en Dios

Yo solo quiero,
lo que Dios quiera que yo quiera
San Miguel de los Santos

Como olvidar a aquel hombre mulato residente de Lima (Perú) que descendiendo más abajo que su propio ser, por motivos de puro amor, era susceptible de elevarse materialmente cuando Dios quería exaltarlo, o aquel fraile franciscano analfabeto que El Papa Pío XII lo llamó el Santo de los vuelos por romper con las leyes de gravedad por amor a su creador.
Cantar victoria sobre uno mismo seria un gran error, porque en materia espiritual aunque se hayan logrado grandes avances, pasado un tiempo, se podría volver a caer en los mismos errores y en eso coinciden todos los Santos. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado. Mateo 23, 12 Cuando uno comienza a darse cuenta de lo limitado que somos, cuando entendemos por fin que no se puede confiar en nuestras fuerzas, cuando sabemos que en nosotros no hay nada bueno sino que todo es gracia de Dios, es posible que estemos yendo por buen camino, no hay otro camino sino el de la cruz y saber que cuando estamos débiles entonces somos fuertes nos abrirá las puertas hacia un sinfín de bendiciones donde el Espíritu Santos comenzará a manifestarse en toda su plenitud.
Se podría decir que un Santo vive más en el cielo que en la tierra, vive más con Dios que con los hombres, porque todos sus pensamientos están escondidos con Cristo en Dios, viven ese misterio tan intensamente que casi se olvidan que son hombres para asemejarse a los ángeles, como aquel Trinitario descalzo que estaba tan embebido de las cosas celestiales, y tan abstraído de lo sensible, que de si mismo se olvidaba, sustentándose con el alimento de los ángeles, que es la caridad. Esto procede del gran absorbimiento que los deja muy olvidados de sí y de todo lo que no es Dios. Por eso es muy común que se olviden de comer, beber y dormir, como acontecía muchas veces al Padre San Agustín Sagreda, de la Orden de la Santísima Trinidad también, que llegó a tan grande extremo, que era necesario que los Religiosos le avisaran cuando tenía que comer y beber, ir al coro o decir la misa porque casi siempre se olvidaba de todo lo anteriormente dicho. Lo mismo le ocurría a un Carmelita descalzo que después de permanecer mucho tiempo en una celda, al salir no acertaba a volver.
¿A caso no es locura para el mundo, como aquel pobrecillo de Asís que dejándolo todo por seguir mas de cerca de su Amado, amó tanto mas la pobreza que un millonario su fortuna? Como es posible que alguien opte por vivir en pobreza, cuando el mundo anhela hacer fortunas, como es posible que alguien anhele vivir en castidad, cuando la lujuria sigue haciendo estragos hasta el punto de destrozar matrimonios y satisfacer nuestros sentidos primarios igual que los animales, como si careciéramos de razón para entender que lo sublime ya no existe y que la farsa de vivir el instante mas delicioso solo acabaría destruyendo el estado puro de la gracia. ¿Será que los seres humanos nos estamos deshumanizando?, ¿será que estamos tan lejos de Dios que hasta lo matamos y ya no existe?, sin embargo, estos grandes Hombres nos recuerdan que Dios se sigue manifestando en sus amados siervos y que la Santidad es posible hoy. La transformación debe ser total no parcial, el cambio debe ser ya no mañana, porque Cristo sigue agonizando en la cruz hoy, porque acercarnos a Dios es encontrarnos con nosotros mismos, con nuestro centro mas olvidado que se irá fortaleciendo a medida que crezcamos en la gracia.
Este cambio no modificará nuestro ser, sino que le dará su forma definitiva porque Dios no puede cambiar lo que creó, es un cambio desde el interior que solo volverá a ser lo que debería haber sido y que por los errores cometidos nos fuimos desformando y deshumanizando tanto que lo que creemos que es nuestra naturaleza en realidad no es mas que un monstruo abominable que lo creamos y lo alimentamos nosotros mismos desde chico y que la sociedad con sus costumbres nos moldeo al punto de renunciar al camino de la gracia.

miércoles, 30 de enero de 2008

Sean Santos


Desde tiempos inmemoriales se viene mencionando la palabra "Santidad", quizás sin comprenderla bien del todo, la podemos encontrar en varios libros de la Biblia:
  • Hombres santos seréis para mí
    Exodo 22, 30
  • Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo
    Levítico 11, 44
  • Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo.
    Levítico 19, 2
  • Santificaos y sed santos; porque yo soy Yahveh, vuestro Dios
    Levíticos 20, 7
  • Sed, pues, santos para mí, porque yo, Yahveh, soy santo
    Levíticos 20, 26
  • Santos han de ser para su Dios y no profanarán el nombre de su Dios
    Levíticos 21, 6
  • pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo
    Marcos 6, 20
  • Así lo hice en Jerusalén y, con poderes recibidos de los sumos sacerdotes, yo mismo encerré a muchos santos en las cárceles
    Hechos 26, 10
    Etc….
Pero también entendamos que sigue vigente en estos tiempos superficiales aunque parezca mentira, podríamos recordar al Padre Pío de Pietrelcina; El Santo cura de Ars; Don Bosco etc…. Que con sus ejemplos dejaron marcado el camino a seguir.
En el interior del hombre existe innato aquella pureza primera que luego perdimos por el pecado original y que recuperamos nuevamente en las aguas bautismales por la gracia de Dios, aunque quedamos inclinados hacia el mismo. De ahí surge el maravilloso llamado de Dios que retumba constantemente en nuestros oídos diciendo "SEAN SANTOS", camino difícil de recorrer debido a nuestra naturaleza que mata el interior y nos aleja del Creador y que solo busca deleitarse a sí misma con todo el egoísmo propio del hombre, esa es la carne con todas sus pasiones, esa es la lucha a la que estamos llamados, no nos conformemos con ser buenas personas esa es la gran mentira puesto que jamás lo llegaremos a ser, bueno solo es Dios, Mateo 19, 17. Apuntemos bien alto e intentemos escalar las cimas de la Santidad, pongamos nuestro máximo esfuerzo en ello que Jesús se encargará del resto porque solo Él es Santo y nos santifica, perdámoslo todo por alcanzarla como si hubiéramos encontrado aquella perla en medio de un campo y lo vendiéramos todo por comprarlo y quedarnos con ella, entonces así saborearemos los misterios escondido de aquel que se revela a los limpios de corazón (Santos) y podremos gritar que en medio del sufrimiento es posible tener paz y ser feliz, "que dicha Dios mío endulzar mis labios pronunciando tu bendito Nombre y sentir que jamás me sacio". Lean estas palabras de Santa Teresita:

Cuando le preguntaron cómo se lo arreglaba para estar siempre igualmente gozosa y serena, respondió: "Desde que nunca me busco a mí misma, llevo la vida más feliz que pueda imaginarse" 96. Durante su última enfermedad, le preguntaron cómo lo hizo para llegar a esta inalterable paz tan suya. Y contestó: "Me olvidé de mí, y procuré no buscarme en nada" 97. Cuando, pocas semanas antes de morir, le expresó su hermana, M. Inés, la pena que sentía al verla sufrir tanto, exclamó: "Sí, pero ¡que paz también! ¡que paz!".