martes, 18 de marzo de 2008

La Santidad



Podríamos decir que el secreto de la santidad consiste en lograr una unión más fuerte día a día con Dios, es ir transformándose en Cristo, asemejándonos a él en todo. Esto significa vencernos a nosotros mismos, eliminar nuestros egoísmos, desaparecer para enaltecer la figura de Jesús. Gloriarnos solos en la cruz del Crucificado. En un principio nuestro estado natural gozaba en verdad de una verdadera santidad hasta que por el pecado perdimos ese estado y quedamos sumergidos en la más baja miseria humana con una inclinación obstinada hacia el pecado.

Por la gracia de Dios fuimos liberados, pero el pecado original quedó tan impreso en nosotros que pocos logran morir en olor de santidad. Ojalá pudiéramos proclamar con el apóstol Pablo:



Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Que hermoso misterio encierran estas palabras, a que edad espiritual avanzada hay que llegar para poder decir esto desde el corazón y con la certeza de este apóstol de Cristo.



El querer ser santo es una obligación, es asemejarse a Cristo, es anhelarlo con todo nuestro ser, es avanzar siempre con fe, suceda lo que suceda, es abismarse a las profundidades mas escarpadas confiando solo en Él, es desear a Dios y nada mas, es saber que lo único importante es Cristo y todo lo demás es basura, por eso dice el apóstol en otro lugar:



Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo…..



Entender esto es entender el principio básico que nos llevará directo a la santidad, no importa que fuiste antes, no importa que te ocurrió, no interesa tu pasado, es como una línea que se traza y a partir de ahí se mira hacia delante, puesto que la escritura dice:



Quien pone el pie en el arado y mira hacia atrás no es digno del reino de los cielos



Escuchemos a Santa Gema Galgani quien comprendió a la perfección las palabras de Pablo:



Comprendí entonces que las delicias del Cielo no son como las de la tierra. Me sentí presa del deseo de hacer continua aquella unión entre Jesús y Yo. Cada vez me sentía mas cansada del mundo y más dispuesta para el recogimiento.


Es evidente que quien camina hacia la santidad debe coincidir con esta verdad, puesto que no hay otro camino:



solo dios basta, Eleva el pensamiento, Al cielo sube, Por nada te acongojes, Nada te turbe.



Él es el que da sentido a nuestra vida y aunque suene repetidas veces en distintos lugares, solo por los frutos los conoceréis.
Por eso el apóstol enseña unos versos mas abajo:



Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús.



Que hermoso sería que pudiéramos decir con Gema:



Quiso cierto día Sor julia entretener santamente a las niñas de su clase echando suertes sobre a quién le tocaba ser santa. Para ello tomo en la mano tantos palillos como niñas había. Los palillos eran todos iguales, excepto uno, el de la suerte, que era el mas largo. Oculto por uno de los extremos, cada niña iba tirando de uno, y la que tiraba del de la suerte debía ser santa. Tiró de él, casual o providencialmente, nuestra Gema, y sin poder contener el júbilo, dio un salto, y viendo en aquello algo más que un entretenimiento infantil, exclamó resuelta:


Sí, me haré Santa.