martes, 11 de marzo de 2008

Infidelidad


Como entender sin entender, como mirar sin mirar, son algunas de las palabras utilizadas por el Maestro de Galilea. La Biblia nos enseña que no todos podemos ver aunque tengamos ojos y no todos podemos oír aunque tengamos oídos. Si bien todo es gracia, también está la iniciativa que cada uno pone de su parte, el querer ser Santo no es fácil, pero si no lo deseamos jamas la alcanzaremos.



En las escrituras se cuenta que: juan 8, 3-11 los escribas y fariseos le llevan a una mujer sorprendida en adulterio y para ponerlo a prueba le dicen que la Ley de Moisés enseña que hay que apedrearla. Bien, en este cuadro tenemos la mala intención de estos hombres donde lo único que querían era sorprender a Jesús en algo, como por ejemplo actuando en contra de la ley de Moisés, estaban muy lejos de importarles si María había sido infiel o no.



En principio el acto verdadero es muy serio, y a Jesús le importa de verdad. La infidelidad atenta claramente contra la caridad, luego es también una ofensa directa frente a Dios, porque al haber efectuado un voto a Él, no lo cumplimos y atenta directo contra el Espíritu Santo, que de los dos conjugue hizo uno solo.



Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.
Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.



Al faltar a la palabra mentimos y caemos en el primer pecado entonces el circulo nuevamente queda sin cerrar disfrutando de aquellos deliciosos frutos prohibidos. Después aparece el egoísmo y la soberbia, porque nos auto declaramos libres como para rehacer nuestras vidas testificando que ya no necesitamos de la sentencia de Dios y soberbiamente nos hacemos centro de nuestras miserias.



Entonces nuestras almas se van oscureciendo y el sentido real de nuestra vida se irá extinguiendo cada vez mas y nos sumergiremos en un abismo donde difícilmente podremos escapar.



Para terminar, los agresores se van retirando uno a uno, empezando por los mas ancianos y acá vemos lo más hermoso del texto, no importa que hiciste, no importa cuan grande sea el pecado, lo único que interesa es el verdadero arrepentimiento reconocer que uno se equivocó y ese es el momento que está esperando Jesús y también nos dirá con mucha ternura.



Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?»
Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.»