miércoles, 6 de febrero de 2008

Vivir escondidos con Cristo en Dios

Yo solo quiero,
lo que Dios quiera que yo quiera
San Miguel de los Santos

Como olvidar a aquel hombre mulato residente de Lima (Perú) que descendiendo más abajo que su propio ser, por motivos de puro amor, era susceptible de elevarse materialmente cuando Dios quería exaltarlo, o aquel fraile franciscano analfabeto que El Papa Pío XII lo llamó el Santo de los vuelos por romper con las leyes de gravedad por amor a su creador.
Cantar victoria sobre uno mismo seria un gran error, porque en materia espiritual aunque se hayan logrado grandes avances, pasado un tiempo, se podría volver a caer en los mismos errores y en eso coinciden todos los Santos. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado. Mateo 23, 12 Cuando uno comienza a darse cuenta de lo limitado que somos, cuando entendemos por fin que no se puede confiar en nuestras fuerzas, cuando sabemos que en nosotros no hay nada bueno sino que todo es gracia de Dios, es posible que estemos yendo por buen camino, no hay otro camino sino el de la cruz y saber que cuando estamos débiles entonces somos fuertes nos abrirá las puertas hacia un sinfín de bendiciones donde el Espíritu Santos comenzará a manifestarse en toda su plenitud.
Se podría decir que un Santo vive más en el cielo que en la tierra, vive más con Dios que con los hombres, porque todos sus pensamientos están escondidos con Cristo en Dios, viven ese misterio tan intensamente que casi se olvidan que son hombres para asemejarse a los ángeles, como aquel Trinitario descalzo que estaba tan embebido de las cosas celestiales, y tan abstraído de lo sensible, que de si mismo se olvidaba, sustentándose con el alimento de los ángeles, que es la caridad. Esto procede del gran absorbimiento que los deja muy olvidados de sí y de todo lo que no es Dios. Por eso es muy común que se olviden de comer, beber y dormir, como acontecía muchas veces al Padre San Agustín Sagreda, de la Orden de la Santísima Trinidad también, que llegó a tan grande extremo, que era necesario que los Religiosos le avisaran cuando tenía que comer y beber, ir al coro o decir la misa porque casi siempre se olvidaba de todo lo anteriormente dicho. Lo mismo le ocurría a un Carmelita descalzo que después de permanecer mucho tiempo en una celda, al salir no acertaba a volver.
¿A caso no es locura para el mundo, como aquel pobrecillo de Asís que dejándolo todo por seguir mas de cerca de su Amado, amó tanto mas la pobreza que un millonario su fortuna? Como es posible que alguien opte por vivir en pobreza, cuando el mundo anhela hacer fortunas, como es posible que alguien anhele vivir en castidad, cuando la lujuria sigue haciendo estragos hasta el punto de destrozar matrimonios y satisfacer nuestros sentidos primarios igual que los animales, como si careciéramos de razón para entender que lo sublime ya no existe y que la farsa de vivir el instante mas delicioso solo acabaría destruyendo el estado puro de la gracia. ¿Será que los seres humanos nos estamos deshumanizando?, ¿será que estamos tan lejos de Dios que hasta lo matamos y ya no existe?, sin embargo, estos grandes Hombres nos recuerdan que Dios se sigue manifestando en sus amados siervos y que la Santidad es posible hoy. La transformación debe ser total no parcial, el cambio debe ser ya no mañana, porque Cristo sigue agonizando en la cruz hoy, porque acercarnos a Dios es encontrarnos con nosotros mismos, con nuestro centro mas olvidado que se irá fortaleciendo a medida que crezcamos en la gracia.
Este cambio no modificará nuestro ser, sino que le dará su forma definitiva porque Dios no puede cambiar lo que creó, es un cambio desde el interior que solo volverá a ser lo que debería haber sido y que por los errores cometidos nos fuimos desformando y deshumanizando tanto que lo que creemos que es nuestra naturaleza en realidad no es mas que un monstruo abominable que lo creamos y lo alimentamos nosotros mismos desde chico y que la sociedad con sus costumbres nos moldeo al punto de renunciar al camino de la gracia.