jueves, 1 de diciembre de 2011

Mi humilde homenaje al Padre Rafael Pascual

Los que enseñen a otros la santidad brillarán como estrellas por toda la eternidad

La santidad consiste en estar siempre alegres

La santidad se encuentra en el camino que nos abre cada uno de nuestros días, en que se ofrecen a nosotros, con atractivo desigual, los deberes de nuestra vida cotidiana

Un gran deseo de ser santo, es el primer peldaño para llegar a serlo; y al deseo se ha de unir una firme resolución

La santidad es accesible a todos y es“el camino mejor de todos que hay que recorrer

El secreto de la santidad consiste en no cansarnos nunca de estar empezando siempre

Cuando el domingo pierde su significado fundamental y se subordina a un concepto secular de “fin de semana”, dominado por la diversión y el deporte, la gente se encierra en un horizonte tan estrecho que no es capaz de ver el cielo

Si tuviéramos fe seríamos capaces de ver a Jesucristo en el Santísimo Sacramento como los ángeles lo ven el cielo. Él está ahí. Nos espera

A través de esta comunión en el Cuerpo de Cristo, Dios te ofrece donde enraizar tu vida entera

Esto que hay en el cáliz es aquello que manó del costado, y de ello participamos
El verdadero ideal cristiano no es ser feliz, sino ser santo

La ciencia de los santos es la voluntad de Dios

La marca de un santo no es la perfección, sino la consagración. Un santo no es un hombre sin faltas, es un hombre que se ha dado sin reservas a Dios

La santidad consiste en la disposición del corazón

La santidad es muy sencilla, dejarse confiado y amorosamente en brazos de Dios, queriendo y haciendo lo que creemos que Él quiere

Los santos fueron santos, porque quisieron, con inmenso querer, ser fieles

La santidad no es un privilegio para algunos, sino una obligación para todos, "para usted y para mí"

No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien

Nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse santos

A vos P. Rafael, jamás olvidaré aquella clase de Santidad que me enseñaste esa tarde; solo hay una desgracia: no ser santo. Vos como sacerdote, supiste iluminar a los demás, porque si la vida no se eleva, desciende; y para evitar que descienda, es preciso que se eleve como una llama. Enseñaste a ver claro, que es preciso ser verdaderamente pobres de espíritu y humildes para crecer en la caridad; que hay que renunciar a todas las niñerias, burdas o sutiles, de la vanidad, del orgullo y de sensualidad espiritual, porque la gracia no destruye la naturaleza (en lo que tiene de bueno) sino que la perfecciona. Gracias por todo Padre Rafael, no dejes de interceder por mi desde allá.