jueves, 11 de agosto de 2011

VENIDOS DEL MAS ALLA

¿CUAL ES TU PUESTO EN EL CIELO?

A fines del año 1413, mientras en Roma la señora Francesca de Ponziani pasaba casi todas las noches en oración, como lo hacía con frecuencia, una luz extraordinaria invadió la habitación y de improviso se le apareció el hijo de nueve años, Giovanni Evangelista, muerto santamente hacía poco tiempo.

Tenia el mismo traje, la misma estatura, las mismas actitudes, la misma fisonomía de cuando estaba vivo, pero – subrayan todos los historiadores – su belleza era incomparablemente superior. Evangelista no estaba solo. Otro jovencito de la misma edad, aunque de aspecto más resplandeciente, estaba a su lado...”.

Su primer movimiento fue el de abrazar al hijo y hacerle preguntas: “¿Estás bién, querido hijo? Cuál es tu puesto en los cielos? ¿Qué haces? ¿Te acuerdas de tu madre?”.

Extendió los brazos para estrecharlo, y él no se sustrajo a su ternura. Mirándola con una dulce sonrisa le dijo: “Nuestra única ocupación es la de contemplar el abismo infinito de la bondad divina, de alabar y bendecir su majestad (Dios) con un profundo respeto, una gran alegia y un amor perfecto. Como todos estamos absortos en Dios (...) no podemos sentir ningún dolor, gozamos de una paz eterna, no podemos querer y no queremos sino lo que sabemos que agrada a Dios, y ésta es toda nuestra felicidad”.

Luego le dijo que se hallaba en el coro de la jerarquía menos elevada, en el coro de los arvángeles, y que el compañero que aparecía con él era un arcángel, a quien Dios enviaba hacia ella para su consuelo, con el fin de que permaneciera con ella todo el resto de su vida, siempre visible a los ojos del cuerpo.

Después de una hora de coloquio, Evangelista desapareció y el ángel se quedó.

Berthem-Bonto, Santa Francesca Romana e il suo tempo.

SEI, TORINO, 1943. p. 135-337.

ROSA ME HABLÓ

Luisa de Serrano y Rosa de Flores, amigas íntimas, se habían intercambiado la promesa de darle el aviso después de la muerte. Rosa fue la primera en morir. Mientras Luisa reposaba en casa de sus padres, fue despertada por una luz extraordinaria que llenó su habitación. Vio a la amiga que subía al cielo con un acompañamiento festivo que nos es difícil imaginar.

La vidente manifestó este hecho a doctos teólogos de Lima (Perú); y éstos, después de haber estudiado bien el asunto, declararon que no se trataba de ilusión.

También el doctor Juan de Castilla declaró con juramento que Rosa se le había aparecido radiante de belleza y revestida con el hábito dominicano (había sido terciaria dominica en casa). Sobre sus vestiduras estaban esparcidas rosas blancas y rojas, tenía en la mano un ramo de lirios y unos rayos luminosos partían de su rostro y de las flores que tenía en la mano.

“Rosa me habló con dulzura, dijo él, me hablo de la felicidad de la que goza, pero no encuentro expresiones para narrar lo que me dio a entender”.

A. L. Masson, Santa Rosa da Lima.

Venecia. 1932. p. 243-254.

CATALINA TEKAKWITHA

Nació en una tribu de los iroqueses (Indios de América del Norte) en el siglo XVII. Vivió tan sólo veinticuatro años. Fue bautizada cuatro o seis años antes de su muerte, acaecida en 1680. Llevó una vida santa hasta merecer ser elevada a la gloria de los beatos.

Seis días después de la muerte de Catalina, el lunes de Pascua, a una persona viruosa, digna de fe, mientras estaba en oración, se le apareció la joven difunta y radiante de gloria, en una actitud majestuosa, con rostro resplandeciente, elevada hacia el cielo como en éxtasis.

Esta visión maravillosa estuvo acompañada de tres circunstancias que la hicieron aún más admirable: en primer lugar, duró dos horas intensas, y esta persona tuvo toda la comodidad de completarla con gran alegría, pues Catalina quiso mostrar con este favor insigne su gratitud por los grandes beneficios recibidos cuando vivía. Además, esta misma aparición estuvo acompañada por varias profecías, y por señales simbólicas, profecías que en parte se han verificado y en parte están por cumplirse...

Ocho días después del deceso de Catalina, ella se apareció también a Anastasia (su buena madre espiritual). Aquella ferviente cristiana, después de que todos se habían retirado a sus moradas, se quedó orando esa noche, y luego se retiró ella también oprimida por el sueño para descansar. Pero apenas cerró los ojos fue despertada por una voz que decía: “Madre mía, levantaos”. Ella reconoció la voz de Catalina, y de inmediato, lejos de tener miedo, se levantó y se sentó, volviéndose hacia el lado de donde venía la voz, vio a Catalina resplandeciente de luz... Llevaba en la mano una cruz aún más resplandeciente que todo el resto.

“Yo la vi, sigue narrando la vidente, muy claramente en esta aparición, y ella me dirigió estas palabras que yo escuche con mucha claridad: “¡Madre mía, mire esta cruz! ¡Cuán hermosa es! Ella fue toda mi felicidad durante mi vida y yo le aconsejo que se elabore también la suya!”.

Después de estas palabras desapareció dejando a su madre colmada de alegría y el espíritu lleno de esta visión, que después de muchos años conserva en su memoria tan fresca como el primer día.

Catalina se apareció de nuevo a su compañera un día en que ésta se hallaba sola en su choza. Se sentó junto a ella en la estera, la reprendió por algunas cosas y después de darle algunos avisos para su conducta, se retiró.

De los procesos para la beatificación.


EXTRAIDO DE:

VENIDOS DEL MAS ALLÁ

GUISEPPE PASQUALI