- El abad Macario el mayor, decía en Scitia a los hermanos: «Después de la misa en la iglesia, huid, hermanos». Y uno de ellos le preguntó: «¿Padre, dónde podremos huir más lejos de este desierto?». El abad puso su dedo en la boca y dijo: «De esto, os digo, que tenéis que huir». Y él entraba en su celda y cerrando la celda se quedaba solo.
Dijo el abad Macario: «Si queriendo reprender a alguno, te domina la ira, satisface tu propia pasión. Por salvar a tu prójimo, no debes perderte tu».
Se decía del abad Pastor que cuando le invitaban a comer iba a disgusto y contra su voluntad, para no desobedecer y contristar a sus hermanos.- Le contaban al abad Pastor que había un monje que no bebía vino. Y él les respondió: «El vino no convierte en absoluto a los monjes».
- Dijo el abad Pastor: «Así como el humo expulsa a las abejas para retirar la dulce miel que han elaborado, así las comodidades corporales arrojan del alma el temor de Dios y le roban toda obra buena»
- Se decía del abad Pior que comía caminando. Y al preguntarle uno por qué comía así, respondió que no comía como el que realiza una ocupación sino como el que realiza una cosa
superflua. A otro que le hizo la misma pregunta le contestó: «Es para que mientras como el
alma no experimente ningún placer corporal». - Decían del abad Pedro Pionita, que vivía en las Celdas, que no bebía vino. Cuando se hizo viejo, le rogaban que tomase un poco. Como no aceptaba, se lo mezclaron con agua y se lo presentaron. Y dijo: «Creedme, hijos, que lo considero un lujo». Y se condenaba a si mismo por tomar ese agua teñida de vino.
- Se celebraron un día misas en el monte del abad Antonio, y se halló allí un poco de vino. Uno de los ancianos llenó una copita y se la llevó al abad Sisoés y éste se la bebió. Recibió una segunda copa y la bebió también. Pero cuando le trajeron la tercera, la rechazó diciendo: «Alto, hermano, ¿acaso ignoras que existe Satanás?».
- Un día el abad Sisoés decía con parrhesia: «Créeme; hace treinta años que no ruego a Dios por mis pecados, sino que le digo en mi oración: "Señor Jesucristo, defiéndeme de mi lengua". Pero hasta ahora, caigo por causa de ella y cometo pecado».
- Santa Sinclética dijo: «El estado que hemos elegido nos obliga a guardar la castidad más perfecta. Porque los seglares piensan que guardan castidad, pero es necedad ya que pecan con los otros sentidos, sus miradas son poco decentes y ríen desordenadamente».
- Dijo también: «Así como las medicinas amargas alejan a los animales venenosos, el ayuno, con oración, arroja del alma los malos pensamientos».
- El abad Sisoés decía: «Nuestra verdadera vocación es dominar la lengua».
- El abad Hiperiquio decía: «El león es terrible para los potros salvajes. Lo mismo el monje experimentado para los pensamientos deshonestos».
viernes, 3 de julio de 2009
Algunas Reflexiones
lunes, 22 de junio de 2009
Del dominio de sí
- El abad Daniel contaba que el abad Arsenio pasaba la noche en vela. Después de velar toda la noche, cuando al amanecer quería dormir, por las exigencias de la naturaleza, decía al sueño: «Ven, siervo malo», y sentado dormía furtivamente un poco y en seguida se levantaba.
- Se decía del abad Agatón que durante tres años se había metido una piedra en la boca, hasta que consiguió guardar silencio.
El abad Benjamín, presbítero en las Celdas, fue un día a un anciano de Scitia y quiso darle un poco de aceite. Este le dijo: «Mira donde está el vasito que me trajiste hace tres años: donde lo pusiste allí sigue». Al oír esto, nos admiramos de la virtud del anciano.
Decían del abad Eladio que había vivido veinte años en su celda sin levantar los ojos para ver el techo.
Dijo el abad Teodoro: «La falta de pan extenúa el cuerpo del monje». Pero otro anciano decía: «Las vigilias lo extenúan más».
El abad Juan, que era de pequeña estatura decía: «Cuando un rey quiere tomar una ciudad a los enemigos, primero les corta el agua y los víveres, para que agotados de hambre capitulen. Lo mismo ocurre con las pasiones carnales: si el hombre vive en ayuno y hambre, los enemigos que tientan su alma se debilitan».
- Dijo también: «Subía un día por el camino que lleva a Scitia, con un fardo de palmas. Vi un camellero gritando, que me empujaba a la cólera. Abandoné mi carga y huí».
Un hermano preguntó al abad Isidoro, anciano de Scitia: «¿Por qué te temen tanto los demonios?». Y el anciano respondió: «Desde que soy monje me he esforzado en impedir que la cólera suba a mi garganta».
- Decía también que durante más de cuarenta años, en los cuales se había sentido interiormente empujado al pecado, nunca había consentido ni a la concupiscencia, ni a la ira.
jueves, 11 de junio de 2009
Sentencia de los Padres
- El abad Pambo preguntó al abad Antonio: ¿Qué debo hacer?. El anciano contestó: No confíes en tu justicia; no te lamentes del pasado y domina tu lengua y tu gula.
- Dijo San Gregorio: De todo bautizado Dios exige tres cosas: una fe recta para el alma, dominio de la lengua; castidad para el cuerpo.
- Dijo también: Anunciaron a un monje la muerte de su padre, y el monje dijo al mensajero: "Deja de blasfemar; mi padre es inmortal".
- Decían del abad Teodoro de Fermo que aventajaba a todos en estos tres principios: no poseer nada, la abstinencia y el huir de los hombres.
- En Scitia, un hermano vino al encuentro del abad Moisés, para pedirle una palabra. Y el anciano le dijo:Vete y siéntate en tu celda; y tu celda te lo enseñará todo.
- El abad Moisés dijo: El hombre que huye del hombre es semejante a la uva madura; el que convive con los hombres, a la uva amarga.
- Un hermano rogó al abad Amonio: Dime una palabra. El anciano le dijo: «Adopta la mentalidad de los malhechores que están en prisión"¡Ay de mí! ¿Cómo podré estar en pie ante el tribunal de Cristo? ¿Cómo podré darle cuenta de mis actos?". Si meditas así continuamente, podrás salvarte.
martes, 26 de mayo de 2009
To be saint III
"¡María no es el centro, pero esta en el centro!"
Hacerse esclavo de Dios es asegurarse la vida eterna.
En todas partes por donde pasó dejó, sin embargo, algo de Dios, como dejan los santos.
En todas partes por donde pasan los santos dejan algo de Dios.
"La verdadera sabiduría, entonces consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo admira; pues los sabios en la estima del mundo . . . son necedad que hacen nada de la voluntad de Dios, y no saben como controlar sus pasiones"
"No hay lengua capaz de explicar las dulzuras de este Sacramento, pues en la Sagrada Comunión bebemos la dulzura en la propia fuente".
El alma unida a Dios se diviniza de tal manera que llega a pensar, a desear y obrar conforme a Jesucristo.
He visto que la felicidad en el mundo no existe. Siempre su trato me deja un vacío que lo llena por completo Nuestro Señor.
Los corazones de los hombres aman un día y al otro son indiferentes. Solo Dios no cambia.
Sólo Yo comprendo perfectamente cómo me inmolo todos los días sobre el altar por la salvación de los fieles, lo que no pueden comprender absolutamente ni los querubines ni ninguna potencia celestial.
Basta amar al Santo de los Santos, para llegar a ser santos.
Despreció la muerte para escapar a la muerte.
Hemos de contemplar la presencia de Dios en sus criaturas. Mientras el hombre no ve a Dios en el mundo, está ciego; mientras no escucha su voz poderosa en la creación, está sordo. Santa Teresa cuenta que no fue educada en la captación de esa presencia, sino que la descubrió por experiencia.
Sabe Dios perfectamente cuál es el bien que promueve y cuál el mal que permite para un bien mayor.
Dios da a los que sinceramente le buscan luz suficiente para ir acertando con Su voluntad
En todo caso, sí puede decirse en términos generales que cuanto más espiritual y santo es un cristiano, con más facilidad capta la providencia de Dios sobre su tiempo, sobre las personas y las obras.
Dice San Juan de la Cruz que el hombre «para llegar a Dios antes ha de ir no entendiendo que queriendo entender
lunes, 4 de mayo de 2009
To be saint II
Perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor, sin amargura, sin la herida abierta; perdonar es recordar sin andar cargando eso, sin respirar por la herida, entonces te darás cuenta que has perdonado.
La falta de voluntad ha causado más fracasos que la falta de inteligencia o habilidad.
La felicidad es el fruto sobrenatural de la presencia de Dios en el alma. Es la felicidad de los santos. Ellos la viven en las mas adversas circunstancias y nada ni nadie se las puede quitar.
Quien quiera algo que no sea Cristo, no sabe lo que quiere; quien pida algo que no sea Cristo, no sabe lo que pide; quien no trabaje por Cristo, no sabe lo que hace.
Como es posible que alguien que cree en Dios pueda amar algo fuera de Él.
Un cristiano fiel, iluminado por los rayos de la gracia al igual que un cristal, deberá iluminar a los demás con sus palabras y acciones, con la luz del buen ejemplo.
Cuanto más tentado te veas, sábete que eres más amado. Nadie debe reputarse siervo de Dios hasta tanto que pase por las tentaciones y arideces.
El amor es la perfección del espíritu y la caridad es la perfección del amor.
Una prueba de que amamos a Dios verdaderamente es que lo amamos de igual forma en todas las ocasiones.
Muere o conquista... No puede haber ninguna reserva en el amor.
Amad y haced lo que queréis, porque quien posee el amor todo lo posee.
jueves, 16 de abril de 2009
Agunas Reflexiones!!!
El tiempo transcurrido en glorificar a Dios y en cuidar la salud del alma, no será nunca tiempo perdido.
Quien no cree en el demonio no cree en el Evangelio (Juan Pablo II al exorcista Pellegrino Ernetti).
Un solo acto de amor a Dios en tiempos de aridez vale más que cien en momentos de ternura y consuelo.
Lo más oscuro de la noche suele estar a pocos minutos de la aurora.
En ningún sitio está uno mejor que donde quiere el Señor que estemos.
"Desde que comenzó la guerra hice el propósito de dar la vida por Cristo. ¡No voy ahora a romper el ayuno cuando están a punto de dar las doce!" (Ultimas palabras del mártir cristero Noberto López antes de ser fusilado, con las que rechazaba la oferta de salvar su vida a cambio de apostatar).
El demonio tiene una única puerta para entrar en nuestro espíritu: la voluntad. No existen puertas secretas.
El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera.
Si se consigue vencer la tentación, ésta produce el efecto de un lavado en la ropa sucia.
Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello que está fuera de su alcance.
No serás mas santo si te adulan ni más abyecto si te vituperan. Eres lo que eres. Ante Dios no puedes ser ni más grande de lo que eres, aunque te ensalcen los hombres.
La única tragedia que nos puede pasar, es no ser santos.
No siempre eliges el camino, sino que a veces el camino te elige a vos, nos guste o no.
De todas las cosas existentes algún día tendrás que separarte, quieras o no, algunos lo hacen antes voluntariamente, otros después sin desearlo.
jueves, 2 de abril de 2009
Lucha por ser santo, ese es tu único fin.
Cuando el hombre haya llegado al punto de no buscar consuelo en ninguna criatura, entonces comenzará por primera vez a gustar perfectamente de Dios y estará contento de todo lo que le puede acontecer.
Luchar contra las pasiones y las malas inclinaciones es una tarea más pesada que transpirar en las faenas corporales. Y el que no evita las faltas pequeñas, poco a poco resbalará hasta caer en las grandes.
Los que enseñen a otros la santidad brillarán como estrellas por toda la eternidad.
El día que no haya santos, no habrá Iglesia.
La auténtica santidad se consuma siempre en la cruz.
Un santo hace al mundo más rico, más bello, más bueno.
Una sola cosa detiene a muchos del progreso espiritual y de un decidido esfuerzo por corregirse: el horror a la dificultad o el miedo a la lucha. En realidad los que más avanzan en las virtudes son los que mas virilmente se esfuerzan por superar lo que más los estorba y obstaculiza.
Cuando poseas a Cristo serás rico y eso te bastará. Él será tu proveedor y te conseguirá fielmente cuanto necesites para que no debas esperarlo de los hombres, porque estos cambian fácilmente y pronto desaparecen, mientras Cristo permanece eternamente y esta firme hasta el fin.
Los que hoy están contigo mañana pueden ser tus contrarios, y al revés, porque los mortales cambian a menudo como el viento.
Cristo quiso padecer y ser despreciado, ¿y tú te atreverás a quejarte de algo?
El que se ha acostumbrado a vivir interiormente y tener en poco valor las cosas externas, no precisa lugares ni espera circunstancias para entregarse a la oración.
Nada mancha ni esclaviza tanto el corazón del hombre como el amor desordenado a las criaturas. Si renuncias a los consuelos exteriores podrás mirar las cosas celestiales y gozar de grande alegría en tu corazón.
Un hombre dominado por las pasiones, hasta el bien convierte en mal y todo lo cree malo.