martes, 17 de junio de 2008

Reflexiones I

  • La Santidad consiste en AMAR Y SERVIR A DIOS Y AMAR Y SERVIR AL PROJIMO; o sea, la Santidad es ejercicio o vivencia de la FE, ESPERANZA Y CARIDAD hasta las últimas consecuencias.
  • "Entre santa y santo, pared de cal y canto". Y esto en la suposición de que sean santos; pero ¿Qué diremos cuando uno de los dos ya está buscando la aventura?
  • Tener ideales y sacrificarse por ellos: he ahí la grandeza del hombre. Y cuanto mas nobles los ideales y mayores los sacrificios, tanto más extraordinarios el heroísmo y la santidad.
  • El esfuerzo ascético consiste en desarraigar lo malo, podar lo superfluo y reforzar lo bueno.
  • Deseaba el padecer; lo pedía al Señor; pero, cuando llegaba, no podía aguantarlo. Santa Verónica Giuliani.
  • Como todos los amantes del mundo, hablaban de amor, de felicidad, de vivir juntos, de soñar juntos, de construir juntos…
  • "Yo he creído porque he sufrido" poeta francés F. Coppée
  • Antes, la tragedia; después, el alejamiento del palacio; y ahora el rechazo familiar… Parecía que todos los puentes se hundían bajo los pies de Margarita de Cortona; pero todos ellos no eran sino etapas o jalones de un difícil itinerario místico que llevaría a Margarita hacia las azuladas cumbres de la Santidad.
  • Se sabía hermosa y seductora, dotada de esos poderosos encantos que enloquecen los corazones masculinos.
  • Y el AMOR es SANTIDAD.
  • El hombre es una unidad. Por eso tanto el cuerpo como el alma necesitan sacrificarse para reparar.
  • En efecto, medida y clave de la Santidad es el amor de Dios y del prójimo.
  • En las manos de Don Bosco o del Padre Kolbe el dinero puede servir para grandes obras culturales y asistenciales; pero en otras manos, puede servir para el soborno, para comprar conciencias y pagar asesinos.
  • Sin embargo, la Psicología nos enseña que todo hombre necesita un signo, que lo atraiga y lo comprometa. Tanto el soldado como el maestro necesitan un uniforme o un guardapolvo que los distinga, los ubique y les recuerde su misión.
  • Lamentablemente, muchos ignorantes o presuntuosos no comprenden la Santidad de Dios que rechaza todo pecado y toda sombra de pecado; ni comprenden la malicia de todo pecado, tanto del mortal como del venial que, por ser ofensa de Dios y del prójimo, merece toda condenación y expiación.
  • Algunas veces nada grave se encuentra en nuestras almas, pero, con que halla un poco de polvillo impedirá que los rayos divinos lleguen a nosotros con toda tesura, esta son la neblina de algunas distracciones.
  • Y se vengó como se vengan las almas grandes: callando, sufriendo, y haciendo.
  • En verdad, los Santos son hombres de rica humanidad y están amasados por una desafiante y heroica originalidad.
  • El santo, justamente por ser hombre de Dios, es hermano y amigo de todos los hombres, conoce sus problemas, comparte a menudo sus miserias y a todos ofrece su solidaridad.
  • La Fe es asirse a Dios, y Dios lo puede todo. Luego, ¡siempre adelante!
  • Sólo Dios lo sabe. ¡y esto basta!
  • La Santidad del Señor exige gran pureza de conciencia y gran vigilancia sobre los propios actos.
  • La medida de la realización de uno es la medida de su amor y de su entrega a los demás.
  • Los hombres terrenales, acosados por bajezas y miserias, nos resistimos a comprender esos vuelos del espíritu.

martes, 10 de junio de 2008

Reflexiones

  • Salir de Egipto (pecado), atravesar el Desierto (penitencia), y llegar a la Tierra Prometida (santidad).

  • El principiante ha de vencer el pecado mortal, el adelantado centra su lucha contra el pecado venial, y el perfecto llega a una relativa impecabilidad (+San Ignacio, los grados de humildad, Ejercicios 164-167).

  • Sin temor alguno a las medidas radicales para alcanzar el estado de santidad, si lo fuera necesario: cambiar de domicilio, dejar de ver a alguien, renunciar a un ascenso-, y sin dramatizar los despojamientos que fueran precisos, que siempre serán una nada.

  • No adelantar, es retroceder

  • El no ir ganando es ir perdiendo...
  • El que no tiene cuidado de remediar el vaso, por un pequeño resquicio que tenga basta para que se venga a derramar todo el licor que está dentro. Y así, una imperfección basta para traer otras, y éstas otras; y así casi nunca se verá un alma que sea negligente en vencer un apetito, que no tenga otros muchos que salen de la misma flaqueza e imperfección que tiene en aquél, y así siempre van cayendo.

  • «Cuanto más el hombre se acerca a Dios, tanto más se ve pecador» (65,289).

  • «Cuanto menos obra el alma con habilidad propia va más segura, porque va más en fe»

  • Y así, todos los primeros movimientos de las potencias de las tales almas son divinos; y no hay que maravillarse de que los movimientos y operaciones de estas potencias sean divinos, pues están transformadas en ser divino» (3 S 2,9).

  • Así lo dice San Juan de Avila sencillamente: «No has de vivir, hermano, por tu seso, ni por tu voluntad, ni por tu juicio; por Espíritu de Cristo has de vivir» (Sermón 28, 478-480)

  • «El alma no se une con Dios en esta vida por el entender, ni por el gozar [de la voluntad], ni por el imaginar, ni por otro cualquier sentido, sino sólo por la fe, según el entendimiento, y por esperanza según la memoria, y por amor según la voluntad. Las cuales tres virtudes todas hacen vacío en las potencias: la fe en el entendimiento, vacío y oscuridad de entender; la esperanza hace en la memoria vacío de toda posesión; y la caridad vacío en la voluntad y desnudez de todo afecto y gozo de todo lo que no es Dios» (2 S 6,1-2; +STh I,1,8 ad 2m).

viernes, 11 de abril de 2008

Santidad Laical


Tanto los laico como los religiosos estamos llamados a la santidad y así algún día estaremos como ángeles unidos a toda la milicia santa adorando al Dios Trinidad. Ahora bien, sabemos que la vida religiosa esta perfectamente proyectada para alcanzar ese estado mas fácilmente, se podría decir de alguna manera, que no se está tan expuesto al mundo y sus placeres como lo está el laico.

Sin embargo el camino del laico hacia la santidad es realmente increíble y digno de destacar aunque pocas veces lo podamos apreciar. Ciertamente estamos acostumbrados a imaginar la vida de un laico insertado en una sociedad y su desarrollo en el núcleo familiar atormentado, corriendo sin tiempo intentando acrecentar los ingresos y hasta como a modo de “un cumplido” yendo a misa los domingos. Pero no olvidemos que hubo también muchos hombres y mujeres que en grado de heroicidad han demostrado que es posible la santidad en el mundo y desde la familia, brillantes caminos que pocos se atreven a recorrer, delicias inimaginables de la verdadera vida del hombre que ve desde lo más hondo de su interior, valientes guerreros que aprendieron a sufrir en silencio y ser negados incluso por los suyo, por los mas cercanos, por sus propias esposas/os, hijos/as porque como dice el Señor, nadie es profeta en su tierra.

En esta hermosa carrera, el que verdaderamente nos va guiando es el Espíritu Santo, El sopla sobre sus siervos cuando quiere como quiere y donde quiere ¿quienes somos nosotros para limitarlo? Cada laico sediento de santidad debería dejarse llevar por el mismo Espíritu, si nos inspirara a rezar la liturgia de las horas porque negárselo y si nos inspira a orar por la noche porque no hacerlo o si no condujera a alguna obra piadosa, quienes somos para levantar la voz y recordarle nuestra condición laical. ¿No es Él el dueño de todo y todos? ¿Acaso no puede hacer lo que quiera con sus criaturas?

Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios.

La vida hacia la perfección cristiana en suma, no es mas que adherirse a Dios mas y más, es ir sintiendo a Jesús mas cerca de nuestras vidas, pero de verdad. Es aprender a vivir de la fe y eliminar poco a poco nuestro “YO” que nos hace creer omnipotentes, esa fe que en mucho casos ha cocinado sabrosos banquetes sin intervención humana o hizo volar a personas venciendo la gravedad, esa fe que muchas veces resucitó muertos o hizo ver a los ciegos, esa fe que traspasó paredes o continentes, esa fe que hizo que no se alterasen en lo mas mínimo aquellos santos ante los horrores mas indecibles de la historia humana, esa fe que advertía el pasado y el futuro o hacía surgir las cosas mas ocultas a la luz y que nadie salvo el involucrado sólo lo sabia. Caminos que van en contra del mundo y muchas veces de las costumbres propias de los hombres.

En suma, atrevámonos a ser distintos, a ser todo de Dios, intentemos reconciliarnos con la gracia y vivir mas a pleno la vida divina de Jesús y dejar atrás al hombre viejo. Que Dios sea realmente el centro de nuestra vida, lo único importante y que poco a poco vallamos desapareciendo para encontrarnos con aquel que colgó en un madero por vos y por mí y evitando todo pecado aprendamos a caminar con santidad y justicia en su presencia todos nuestros días.

Suceda lo que suceda no peques.

martes, 25 de marzo de 2008

Enfréntate con vos mismo, ese es el peor enemigo


"Porque eras grato a los ojos de Dios,
era preciso que la tentación te probase"


Tobías 12, 13

¿Acaso piensas seguir viviendo en la mediocridad, en la propia miseria sin siquiera levantar un poco la vista para ver que pasa a tu alrededor, que pasa dentro tuyo? Seguramente no quieres sufrir, estas cansado de que las cosas te salgan mal. Vamos a profundizar un poco mas altruistamente, que es el sufrimiento ligado a la cruz de Cristo y que significa renunciar a uno mismo sin caer en el masoquismo, sino más bien buscar gloriarnos solo en la cruz de Jesús.


Para empezar solo hablaré de la Santidad en el estado laical o seglar. Entendamos como punto de partida que en la vida laical todo parte desde un eje central al que son llamados los seglares. Ese es el MATRIMONIO. Si surgiese alguna teoría que quisiese hablar de Santidad en este estado y quisiera dejar la vida familiar de lado, sería como querer destruir las bases de las instituciones propias de la Santa Madre Iglesia o como muchos dicen "yo no necesito a los curas o ir a la iglesia para creer en Dios". Ahora bien, Dios quiere que cada uno se santifique desde el lugar que el nos puso, cueste lo cueste, suceda lo que suceda. Porque a menudo nos suele pasar que el mundo nos agobia, nuestros trabajos nos abruman y luego el desenlace final diario del hogar. La Santidad no es algo que se compra o se obtiene de un día para el otro, sino es más bien la suma del sudor y las lágrimas recogidas a los pies del crucificado, que darán como resultado ese estado de purificación interior. Es claro que el comienzo de una vida santa es Amar a Dios y al prójimo, porque si no sentimos realmente que Dios esta en nuestra escala de valores como pionero de nuestras vidas es inútil seguir, puesto que sin la base no habrá cimientos. Para seguir, Dios nos amo hasta el extremo y por eso Él mismo siendo todo se hizo nada, para sacarnos de la inmundicia y darse a todos los seres humanos. Todos fuimos creados a imagen y semejanza de Él, y por eso Él esta en todos y de ahí se desprende aquel juicio que dice: si no amas a tu hermano a quien ves, o sea, que tiene a Dios en sí mismo, mucho menos amaras a Dios a quien no ves. Entonces, si Dios esta en todos, todos tenemos algo de Dios y por ende, si no amo a los hombres no amaría esa parte de Dios que habita en ellos.


El apóstol Juan enseña que Dios es amor, si Dios es amor, cuando comulgamos, el amor entero entra en nosotros. Pero como se explica, sino achacando a nuestra falta de intimidad en la comunión, que después de haber comulgado no sintamos mayor amor a los demás. Se me viene a la mente aquellos Santos varones de Dios que llegaron a amarlo tanto que sus corazones se incendiaban de amor literalmente. Entre otos hechos que narraré, acá les expongo el del Padre Fray Miguel de los Santos:


Estando una tarde el Padre Teodoro de San Francisco hablando con dicho santo sobre el modo que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, y queriendo explicar el amor recíproco que hay en las divinas personas, vio que al dicho siervo de Dios, se le abrió el pecho, y salió por él una grande llama de fuego y que en el lugar a donde los hombres Tenían el corazón, Miguel de los Santos tenía una gran llama de fuego, lo cual dicho cura postrándose a sus pies lo reconoció como Santo. Y agrega que el Santo solía decir que para él no había agua que estuviese fría, es que tenía el pecho tan encendido y abrasado del amor de Dios, que era necesario echar cosas frescas en él.


Se cuenta de San Estanislao de Kostka:


Que era tan intenso el fuego que consumía su corazón, que en el rigor del invierno era preciso aplicarle paños empapados de agua helada.


El corazón del fundador de los Pasionista, San Pablo de la Cruz:


Ardía de tal modo en el fuego del divino amor, que más de una vez la parte correspondiente de su túnica de lana apareció completamente quemada y dos de sus costillas presentaban una curvatura notable al lado izquierdo.


Del amor al prójimo narrare un hecho realmente asombroso para nuestro "YO" aún no extinguido y que hasta es posible que juzguemos este hecho como demencia humana, o queramos utilizar los juicios o la moral correspondiente a las normas básicas de nuestra sociedad. Criterios que no son compatibles con el actuar de aquellos hombres puros, donde obraba mas bien Dios en ellos, que ellos mismos, debido a que sus "YO", se habían extinguido, ellos habían disminuido para dejar que Cristo crezca en ellos:


Un juez musulmán, indignado por una injusticia cometida contra el P. Redentor de la Orden de los Trinitarios, ordenó que diesen al ofensor seiscientos palos. Pero el P. Juan Gil, olvidado de la injuria, y "apiadándose de su bárbaro e injusto ofensor, con entrañas verdaderamente cristianas, suplicó con grandes instancias al juez que por el amor del sumo Dios no le hiciese mal; porque su contento y alegría, y lo que mejor estaba a un cristiano, y sobre todo de su oficio y cargo, era padecer mucho mas que no aquello, por Jesucristo, su verdadero Dios y Señor. Quedó el juez maravillado de ver una mansedumbre tan cristiana como esta… El fuego inextinguible del amor de Dios y del Prójimo, de que estaba abrazado el sensible y magnánimo corazón de Fr. Juan Gil le inspiró un arbitrio eficaz para librar de los tormentos a su agresor. Viendo que sus palabras eran ineficaces, se hecho sobre el turco que en tierra estaba tendido, y cubriéndole con el manteo, en un sublime y heroico arranque de caridad apostólica dijo al juez: A mí, señor juez, den los palos y no a él. Y tantas veces repitió esta suplica, que, al fin, perdonaron al turco y así, tanto turcos como renegados decían: Este sí que es sacerdote. ¡Que buen hombre! ¡Qué honrado cristiano! ¡Que virtud! ¡Que piedad!

miércoles, 19 de marzo de 2008

La vida Eterna




Si quisiéramos reflexionar directamente sobre la existencia del mas allá y querer demostrar que hay vida mas allá de la muerte, seguramente se nos haría muy difícil por no decir, imposible de evidenciarlo, debido a que carecemos de pruebas fehacientes para poder fundamentarlo. Es que ahí comienza toda nuestra vida en la fe, a sabiendas de que la muerte es el acceso a la vida, es la única forma de entrar en la eternidad.


Ahora bien, la eternidad no es el fin de algo para entrar en algo nuevo. Podríamos decir como dice el Teólogo Rollo Marín:


No acaba todo con la vida; todo vuelve al orden con la muerte.


Ese orden es Dios, pues cuando la muerte no existía la vida estaba en toda su plenitud, pero con el pecado accedió la muerte a la vida, por eso es que inversamente hablando se dice que con la muerte volvemos a la vida, todo vuelve a su estado natural, o sea a Dios.


A partir de este principio, yo creo que dentro del ser humano está escrita esta verdad por Dios en el centro del corazón de cada uno, incluso de los más agnósticos. Es muy probable que durante los años de esplendor, en la primavera de la juventud, nos olvidemos de Dios, pero al sentir próxima la muerte comenzamos a replantearnos sobre la existencia de la eternidad. Aunque no queramos aceptar la muerte, constantemente nos vinculamos con ella, vamos al cementerio, leemos en los diarios cuantos recién nacidos mueren, jóvenes que mueren, ancianos que mueren. Nos damos cuenta que la muerte esta en todas partes y llega cuando quiere. Nadie puede hacerse ilusiones, nadie se escapará de la muerte. No vale alegar argumentos, es inútil invocar el cargo o la posición social. No les aprovechó para nada la tiara a los Papas, ni el cetro a los reyes o emperadores, ni el poder a Napoleón o a Alejandro Magno, ni las riquezas a Creso, ni la sabiduría a Salomón. Todos murieron indefectiblemente.


Hoy me ha tocado a mí, pero mañana te tocará a ti.


Les voy a leer la declaración del médico Mr. Tronchin, protestante, que asistió en su última enfermedad al patriarca de los incrédulos. Va a decirnos él, personalmente, lo que vio:


"Poco tiempo antes de su muerte, Mr. Voltaire, en medio de furiosas agitaciones, gritaba furibundamente: Estoy abandonado de Dios y de los hombres. Se mordía los dedos, y echando mano a su vaso de noche, se lo bebió. Hubiera querido yo que todos los que han sido seducidos por sus libros hubieran sido testigos de aquella muerte. No era posible presenciar semejante espectáculo".
La Marquesa de la Villete, en cuya casa murió Voltaire y que presenció sus últimos momentos, escribe textualmente:
"Nada más verdadero que cuanto Mr. Tronchin –el médico, cuya declaración acabo de leer– afirma sobre los últimos instantes de Voltaire. Lanzaba gritos desaforados, se revolvía, se le crispaban las manos, se laceraba con las uñas. Pocos minutos antes de expirar llamó al abate Gaultier. Varias veces quiso hicieran venir a un ministro de Jesucristo. Los amigos de Voltaire, que estaban en casa, se opusieron bajo el temor de que la presencia de un sacerdote que recibiera el postrer suspiro de su patriarca derrumbara la obra de su filosofía y disminuyera sus adeptos. Al acercarse el fatal momento, una redoblada desesperación se apoderó del moribundo. Gritaba que sentía una mano invisible que le arrastraba ante el tribunal de Dios. Invocaba con gritos espantosos a aquel Cristo que él había combatido durante toda su vida; maldecía a sus compañeros de impiedad; después, deprecaba o injuriaba al cielo una vez tras otra; finalmente, para calmar la ardiente sed que le devoraba, llevóse su vaso de noche a la boca. Lanzó un último grito y expiró entre la inmundicia y la sangre que le salía de la boca y de la nariz".


Para terminar les dejo esta reflexión de un Filosofo pagano que con angustia exclamaba:


"Ningún sabio satisface esta duda que me hiere: ¿es el que muere el que nace o es el que nace el que muere?"

martes, 18 de marzo de 2008

La Santidad



Podríamos decir que el secreto de la santidad consiste en lograr una unión más fuerte día a día con Dios, es ir transformándose en Cristo, asemejándonos a él en todo. Esto significa vencernos a nosotros mismos, eliminar nuestros egoísmos, desaparecer para enaltecer la figura de Jesús. Gloriarnos solos en la cruz del Crucificado. En un principio nuestro estado natural gozaba en verdad de una verdadera santidad hasta que por el pecado perdimos ese estado y quedamos sumergidos en la más baja miseria humana con una inclinación obstinada hacia el pecado.

Por la gracia de Dios fuimos liberados, pero el pecado original quedó tan impreso en nosotros que pocos logran morir en olor de santidad. Ojalá pudiéramos proclamar con el apóstol Pablo:



Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Que hermoso misterio encierran estas palabras, a que edad espiritual avanzada hay que llegar para poder decir esto desde el corazón y con la certeza de este apóstol de Cristo.



El querer ser santo es una obligación, es asemejarse a Cristo, es anhelarlo con todo nuestro ser, es avanzar siempre con fe, suceda lo que suceda, es abismarse a las profundidades mas escarpadas confiando solo en Él, es desear a Dios y nada mas, es saber que lo único importante es Cristo y todo lo demás es basura, por eso dice el apóstol en otro lugar:



Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo…..



Entender esto es entender el principio básico que nos llevará directo a la santidad, no importa que fuiste antes, no importa que te ocurrió, no interesa tu pasado, es como una línea que se traza y a partir de ahí se mira hacia delante, puesto que la escritura dice:



Quien pone el pie en el arado y mira hacia atrás no es digno del reino de los cielos



Escuchemos a Santa Gema Galgani quien comprendió a la perfección las palabras de Pablo:



Comprendí entonces que las delicias del Cielo no son como las de la tierra. Me sentí presa del deseo de hacer continua aquella unión entre Jesús y Yo. Cada vez me sentía mas cansada del mundo y más dispuesta para el recogimiento.


Es evidente que quien camina hacia la santidad debe coincidir con esta verdad, puesto que no hay otro camino:



solo dios basta, Eleva el pensamiento, Al cielo sube, Por nada te acongojes, Nada te turbe.



Él es el que da sentido a nuestra vida y aunque suene repetidas veces en distintos lugares, solo por los frutos los conoceréis.
Por eso el apóstol enseña unos versos mas abajo:



Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús.



Que hermoso sería que pudiéramos decir con Gema:



Quiso cierto día Sor julia entretener santamente a las niñas de su clase echando suertes sobre a quién le tocaba ser santa. Para ello tomo en la mano tantos palillos como niñas había. Los palillos eran todos iguales, excepto uno, el de la suerte, que era el mas largo. Oculto por uno de los extremos, cada niña iba tirando de uno, y la que tiraba del de la suerte debía ser santa. Tiró de él, casual o providencialmente, nuestra Gema, y sin poder contener el júbilo, dio un salto, y viendo en aquello algo más que un entretenimiento infantil, exclamó resuelta:


Sí, me haré Santa.

martes, 11 de marzo de 2008

Infidelidad


Como entender sin entender, como mirar sin mirar, son algunas de las palabras utilizadas por el Maestro de Galilea. La Biblia nos enseña que no todos podemos ver aunque tengamos ojos y no todos podemos oír aunque tengamos oídos. Si bien todo es gracia, también está la iniciativa que cada uno pone de su parte, el querer ser Santo no es fácil, pero si no lo deseamos jamas la alcanzaremos.



En las escrituras se cuenta que: juan 8, 3-11 los escribas y fariseos le llevan a una mujer sorprendida en adulterio y para ponerlo a prueba le dicen que la Ley de Moisés enseña que hay que apedrearla. Bien, en este cuadro tenemos la mala intención de estos hombres donde lo único que querían era sorprender a Jesús en algo, como por ejemplo actuando en contra de la ley de Moisés, estaban muy lejos de importarles si María había sido infiel o no.



En principio el acto verdadero es muy serio, y a Jesús le importa de verdad. La infidelidad atenta claramente contra la caridad, luego es también una ofensa directa frente a Dios, porque al haber efectuado un voto a Él, no lo cumplimos y atenta directo contra el Espíritu Santo, que de los dos conjugue hizo uno solo.



Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.
Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.



Al faltar a la palabra mentimos y caemos en el primer pecado entonces el circulo nuevamente queda sin cerrar disfrutando de aquellos deliciosos frutos prohibidos. Después aparece el egoísmo y la soberbia, porque nos auto declaramos libres como para rehacer nuestras vidas testificando que ya no necesitamos de la sentencia de Dios y soberbiamente nos hacemos centro de nuestras miserias.



Entonces nuestras almas se van oscureciendo y el sentido real de nuestra vida se irá extinguiendo cada vez mas y nos sumergiremos en un abismo donde difícilmente podremos escapar.



Para terminar, los agresores se van retirando uno a uno, empezando por los mas ancianos y acá vemos lo más hermoso del texto, no importa que hiciste, no importa cuan grande sea el pecado, lo único que interesa es el verdadero arrepentimiento reconocer que uno se equivocó y ese es el momento que está esperando Jesús y también nos dirá con mucha ternura.



Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?»
Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.»